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Un culto a la personalidad, barato, de pena ajena. En el Edomex, Morena cambió el nombre a calles como Pino, Copal, Geranio, Bugambilia y Rosal por dicharachos de López Obrador: Me canso ganso, Acúsalo con tu mamá, Revolución de las conciencias y Tandas del bienestar.
La actual presidenta de Morena, Luisa María Alcalde, había dado un adelanto de esta adulación grotesca: “Hoy me he despertado con mucha tristeza sabiendo que mañana ya te vas”. O Layda Sansores: “Tan visionario, humano”. Y hasta llantos de saltimbanquis, como Lord Molécula.
Un reportaje de Fernando Cruz en el programa de Javier Núñez Piña (Milenio TV) halló que, en Tultitlán, el gobierno morenista renombró Cuarta Transformación a la colonia El Paraje. También hay calles llamadas Canasta Básica, Pensión para Adulto Mayor, Salario Mínimo o Tren Maya.
La dicha de López Obrador: nadie llegado al poder por los votos, abusó y usó tanto de las conciencias de gobernados y subordinados. Vivió en el palacio donde vivían los virreyes de la Nueva España, bufones cada mañana, jets militares para viajar, vallas alrededor para no ser molestado.
Pero nombrar una calle como Tren Maya es símbolo de perdedores. La gran obra de López Obrador es el fracaso que más lejos llega entre los fracasos del gobierno de López Obrador: un ecocidio sin parangón en el sureste de México, y un desastre económico que hundió las finanzas del país.
La empresa Tren Maya SA de CV, le paga nueve millones de pesos a una empresa de manejo de fauna nociva para que mate jaguares y venados en las cercanías del ferrocarril. Para construir la obra, que ocupa 10 mil 831 hectáreas, el gobierno destruyó siete mil hectáreas de selva.
Aunque López Obrador ocultó por cinco años los datos sobre la construcción del Tren Maya, por informes anteriores de Hacienda se sabe que iba a costar 124 mil 290 millones de pesos, pero acabó costando 551 mil millones: o sea, más de medio billón de pesos.
Y sigue costando, pues la actual administración le aprobó 40 millones de pesos en el Presupuesto 2025. Sí, a pesar de que es subsidiado ya con 12 mil millones y apenas gana 134 millones. Un fiasco: en un año transportó solo 600 mil pasajeros, de los tres millones que prometió López Obrador.
Es todo un canto a la hipocresía. López Obrador dijo que su testamento aclaraba que no quería su nombre en calles o estatuas en su honor. Pero autorizó pagar del erario por un retrato suyo casi 700 mil pesos, en un lienzo de lino importado de Bélgica, en bastidor de madera preciosa.
Un culto a la personalidad que hace perder a México tiempo irrecuperable en banalidades.
Y dinero del Presupuesto.