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Es lógico que los participantes de los mercados busquen una alegría por cualquier lugar, sobre todo después de tantos meses de malas noticias acumuladas y malas expectativas económicas y financieras.

Pero vale la pena ver si algunas de las cosas que hoy los ponen tan contentos podrán resistir una nueva turbulencia.

De entrada los precios de petróleo, que en su recuperación han ayudado a la revaluación de muchas monedas, podrían no sostener su recuperación.

Y al mismo tiempo que los precios del petróleo crudo se recuperan, generan un incremento en línea directa en sus derivados como las gasolinas.

Eso puede ser una buena noticia para economías como la europea que está en plena lucha contra la deflación. Pero una presión inflacionaria podría cambiar la suerte de las decisiones de política monetaria en Estados Unidos, en sentido contrario de lo que hoy creen los mercados.

En algún punto del primer bimestre del año, justo cuando más caía el petróleo y la cotización de la canasta de divisas frente al dólar, en los mercados estaban convencidos de que no había manera de que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) pudiera subir al menos un cuarto de punto su tasa de interés recién incrementada en diciembre pasado.

Para ese momento algunos pocos pesimistas le daban crédito a un aumento en noviembre, los demás ya estaban pensando en el 2017.

Sin embargo, hoy tanto la creación de empleos como el incremento en la inflación pueden cambiar rápidamente la percepción de los banqueros centrales de Estados Unidos.

La economía de Estados Unidos se confirma como la única del mundo desarrollado que tiene un crecimiento aunque sea modesto.

Y dentro de ese crecimiento hay disparidades notables. Desde la caída al terreno recesivo de la actividad industrial hasta la creación de empleos que lleva un rimo sostenido de crecimiento.

Es difícil atribuirle a los datos actuales el mote de pleno empleo, porque ha habido una pauperización de las plazas laborales, de los ingresos y de las horas trabajadas en comparación con lo que Estados Unidos tenía antes de la Gran Recesión.

Sin embargo, desde la perspectiva de los que toman decisiones de política monetaria, la creación de 242,000 nuevos empleos en febrero pasado y una tasa de desocupación de 4.9% debe parecerse al pleno empleo.

Al mismo tiempo la recuperación en los precios del petróleo empieza a presionar el precio de las gasolinas en Estados Unidos. Sigue costando en promedio menos de 2 dólares el galón, pero ya no son los 1.60 de mediados de febrero.

Y si bien la inflación general sigue baja, en niveles de 1.4%, la inflación subyacente que elimina precios como el de las gasolinas ya está en un nivel anualizado de 2.2 por ciento.

Si la gasolina sube dará un elemento más a la Fed para subir su tasa de interés otro cuarto de punto antes de que termine la primera mitad del año.

Si se generaliza la idea de que el banco central estadounidense podría reaccionar y subir dos o tres veces las tasas este año, regresarán los días turbulentos de vuelo a la calidad y de depreciación de las monedas.

No hay que descartar una reacción de la Fed - val_int_fed_100316
Foto de El Economista