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El gobierno mexicano controla lo único que puede amargar la luna de miel del nuevo presidente de Estados Unidos con su gente: la crisis de miles de migrantes que no entran a Estados Unidos, porque México lo impide usando al Ejército.

El presidente estadounidense controla lo único que puede amargar la luna de miel del presidente de México con la mayoría de su gente: la vacuna antiCovid, que a él le sobra, pero que en México es tan escasa como los unicornios.

Es decir que hoy como ayer, los migrantes centroamericanos son moneda de cambio del gobierno mexicano para sus intereses con Estados Unidos, aunque el presidente de México les prometió maravillas al iniciar su mandato.

Lo explicó el expresidente Trump la semana pasada en Fox News:

“El presidente mexicano me tenía 28 mil soldados deteniendo en la frontera a personas que venían de Honduras y Guatemala, mientras yo construía el muro. Él entendía que yo podía aplicarle aranceles si no lo hacía. Era un buen sistema”.

O sea, acaban siendo perjudicados quienes buscan llegar a Estados Unidos para una vida mejor, al igual que los millones de mexicanos a quien el presidente mexicano celebra porque envían 40 mil millones de dólares al año.

Asombra que quien les cierre el paso sea un presidente como el nuestro, quien dice “me considero humanista”, pero persigue migrantes para que no le pongan aranceles.

Incluso, que llamó a los migrantes centroamericanos a instalarse aquí: “Vamos a ofrecer empleo a los migrantes centroamericanos, el que quiera trabajar en México tendrá apoyo, visa de trabajo”.

Es, éste, justamente el gran problema de este gobierno: que no respeta el significado de las palabras: por eso no ejerce de manera cabal el oficio de la gobernanza, porque siente un asidero más cómodo en estar en campaña permanente.

Y prometió a los migrantes. “Queremos un mundo sin injusticias y con el derecho al trabajo, a buscarse la vida. Va a haber trabajo para quienes vengan de otras partes, porque somos muy solidarios, donde come uno, comen dos. Eso es solidaridad”.

Pero la verdad es otra: los migrantes son echados de nuestras fronteras. Y, antes fueron exchange currency por los aranceles; hoy, lo son por vacunas, que México pudo haber comprado con tiempo, pues ser país rico. Y con gobierno humanista.

La mejor definición la tiene el humanista Mauricio Farah:

“Mientras México no trate a los migrantes centroamericanos, como desea que los estadounidenses nos traten, los reclamos a Washington son meramente retóricos; no son reales. Hay que ser congruentes con un buen trato a los centroamericanos: no podemos hacer lo contrario a lo que pedimos”.

Sólo así tendremos credibilidad en el reclamo de buen trato a los paisanos en Estados Unidos.