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Están sembradas en México todas las semillas de una dictadura política.

Están sembradas en la Constitución, que fue cambiada, constitutivamente, en su esencia republicana.

Están sembradas en las leyes generales, que responden al mismo propósito de diluir la división de poderes y concentrar el poder en la Presidencia.

Otra semilla dictatorial es la ampliación de los poderes legales para encarcelar sin delito, a quien sea, con sólo acusarlo, mediante la prisión preventiva oficiosa.

Semillas dictatoriales germinantes son las que brotan de la apropiación del Poder Judicial por la máquina electoral del gobierno.

La misma germinación está presente en el proyecto de convertir a Morena en un partido de Estado, capaz de legitimar en las urnas, sin competencia de otros partidos, las decisiones del gobierno.

Un instrumento clave de la construcción de ese partido de Estado son los “programas sociales”: la entrega de dinero en efectivo a la población, a cambio de su acuerdo electoral con el gobierno.

Las semillas están bien sembradas, en los lugares necesarios y suficientes. El proyecto dictatorial crece ya en el jardín de la República.

Le falta sólo germinar.

Para esto, necesita jardineros que hagan realidad la siembra, que la vuelvan, en los hechos, un régimen dictatorial.

La dictadura en germinación necesita jardineros que cuiden lo sembrado mientras crece.

El “mientras crece” es clave, porque es el tiempo de germinación que necesitan los jardineros para culminar su obra. Es el tiempo que tiene también la sociedad para contenerla.

Si los jardineros son eficaces, la sociedad podrá hacer poco contra su jardinería diseñada. Pero los jardineros del nuevo régimen no son eficaces.

Tampoco son disciplinados. Su gobierno es malo, los resultados de sus proyectos son terribles y han perdido la presencia del líder que los trajo hasta aquí.

Su rijosidad interna es manifiesta, marcada por la ambición de pequeños y grandes oportunismos, y de grandes y pequeñas corrupciones.

Pueden derrotarlos su propia impericia, sus divisiones internas y su inmoralidad.

También puede contenerlos la resistencia que surja de la potente diversidad del México real, y del azar de la historia de cada día.

La historia de cada día es la verdadera loca de la casa, no la imaginación.