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Los convocantes a la marcha Vibra México llamamos a marchar por un problema grave y nuevo: la aparición de un presidente estadounidense antimexicano, en un momento de particular vulnerabilidad de nuestro país.

Ese momento de vulnerabilidad se caracteriza porque México tiene un presidente sin capital político, un gobierno recubierto de ineficacia y corrupción y una economía mediocre que depende en gran medida de lo que Trump quiere destruir: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Desde un principio, la convocatoria a salir a la calle fue para enfrentar este peligro. Desde un principio aparecieron, en el corazón mismo de la convocatoria, quienes querían arreglar sus cuentas con el gobierno de Peña antes que con Trump.

La convocatoria terminó siendo mixta: a la vez contra Peña y contra Trump. A la vez contra la amenaza de Trump que pende sobre México y contra el gobierno de Peña que debe enfrentarla.

Una marcha solo contra Trump parecía, por descarte, una marcha a favor de Peña. Una marcha solo contra Peña, olvidaba el problema de Trump.

La guerra de implícitos obligó a los convocantes a una dualidad: había que convocar a la marcha contra Trump, pero también contra Peña.

Ayer, en Ciudad de México, la dualidad no tuvo contradicción en las calles. Cada quien fue a marchar por lo que quiso. Yo marché contra Trump y contra el daño que está causando a mexicanos que viven en Estados Unidos. Otros marcharon contra Peña.

Pero la dualidad creó confusión en la gente. Los activistas de izquierda descalificaron la marcha, celosos de su propiedad sobre las marchas. El gobierno organizó otra marcha, inexplicable hasta ahora para mí.

Disfruté enormemente la marcha de Ciudad de México, que sacó a la calle, según cifras oficiales, a 20 mil personas. Si fuéramos marchistas profesionales habríamos dicho que sacamos a 80 mil.

Tenía esperanza de que esas cifras se replicaran en otras ciudades y que al final decenas de miles de mexicanos en todo el país hubieran gritado “No” a Trump y a todo lo que Trump significa.

No fue así.  Seguimos con la asignatura pendiente de decirle “No” a Trump y a su amenaza.

A ver si la próxima.

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