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Mauricio Farah fue el organizador de la política interna de la Cámara de Diputados durante las dos últimas legislaturas y lo hizo con una fineza y capacidad de cohesión, que lo convirtieron en un secretario general que vamos a extrañar: imparcial y responsable. Con palabra de honor.

Sin embargo, Mauricio es un intelectual superdotado: una cualidad que le permite trascender el nicho del servicio público en el que ha sobresalido; pero que, a diferencia de otros que no entran en el nuevo esquema de la cosa púbica, a él le abre otras puertas.

Basta leer el tuit fijado que tiene en su TL:

En nuestro México las fosas clandestinas son una inmensa herida nacional. Si partimos de los registros hemerográficos, el promedio sería un enterrado clandestinamente cada día, a lo largo de más de diez años. Es demasiada impunidad!

Sí: conviene leer en su cuenta de Twitter los elogios como premio a su neutralidad en la Cámara, a lo largo de seis años, su desempeño institucional, su labor conjunta con todos los partidos, su disponibilidad y conocimientos.

Y políticos de cualquier militancia, eh: Ricardo Monreal, Dante Delgado, Roberto Gil, Manlio Fabio Beltrones, Gerardo Fernández Noroña, Mario Delgado, Porfirio Muñoz Ledo, Ricardo Anaya, Rubén Moreira, Arturo Escobar, Hugo Eric Flores… un mosaico de todos los pensamientos.

Pero Mauricio es mucho más que el notable político que trascendió a dos legislaturas complicadas, sin mayorías, obligado a negociar hasta el reparto de un bolígrafo (con mayoría cualquiera hace esa chamba). Es uno de nuestros más respetados luchadores por los derechos humanos.

Articulista coherente, buen escritor, es autor de Bienvenidos al Infierno del Secuestro. Testimonios de Migrantes, un retrato de estilo malapartiano, sobre los abusos, maltratos y muertes que, ante la apatía de las autoridades viven los migrantes.

Hay un testimonio en el libro de Mauricio que no deja de provocar horror por mucho que se lea:

Uno de nosotros escapó de la casa de seguridad y se presentó a denunciar con los federales y le dijeron ‘no te preocupes, te vamos a ayudar’ y los llevaron con Los Zetas y éstos le dijeron: ‘Para que aprendas, te vamos a cortar la mano, cabrón’. Y se la cortaron”.

Mauricio es un convencido de que las políticas migratorias continúan siendo básicamente las mismas: contención, persecución y expulsión, muerte de alrededor de 400 mexicanos cada año en la frontera con Estados Unidos, padecimiento extremo de centroamericanos aquí…

Así que está bien el cierre de su ciclo en San Lázaro. Porque es un político, un servidor público, un humanista, un pensador, un intelectual que México necesita, más que nunca, en el momento actual.

Es lo bueno de saber hacer algo más en la vida. Siempre.

Por Rubén Cortés