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Henry Kissinger, Eric Schmidt y Daniel Huttenlocher han publicado un libro de lectura obligada o al menos oportuna, y si no, divertida, aunque, bien vista, perturbadora: The Age of AI (La era de la Inteligencia Artificial).

En unas cuantas páginas de escritura diáfana los autores se proponen responder, y ofrecen respuestas aproximadas, las únicas que pueden darse todavía, a preguntas sencillas que en estricto sentido son inabarcables, como las siguientes:

¿Qué innovaciones en salud, biología y física cuántica puede traer la IA?

¿Qué “amigos íntimos” puede proporcionar la IA, especialmente a los niños?

¿Cómo puede cambiar la guerra?

¿La IA percibe realidades que los humanos no?

¿Cómo cambiará el ser humano cuando la IA se use para evaluar y moldear su conducta?

¿Qué será, entonces, el ser humano?

La humanidad ha vivido siempre usando conocimientos que ignora, conocimientos que rigen el cambio de las civilizaciones y el flujo de la vida diaria. A lo largo de la historia, lo descubierto por unos cuantos ha cambiado la vida de todos.

El celular es parte de nuestra vida sin que entendamos lo que es, ni tengamos una idea, siquiera remota, del conocimiento que hay metido en él. Lo mismo pasa con la aspirina, con el libro, con el coche, con el drenaje y con el pasto de Wimbledon.

Lo que nunca ha faltado es gente que sabe lo que hay en cada extensión tecnológica de la vida humana, en cada fórmula química o en cada algoritmo de internet: pequeñas comunidades que pueden gobernar lo que sabemos, e innovarlo, porque lo conocen o porque lo han inventado.

Lo nuevo de la IA es que quienes la inventaron desconocen lo que puede llegar a hacer, pues su funcionamiento desborda el conocimiento que le es incorporado.

La IA crea conocimiento que el hombre no es capaz de crear.

La perspectiva de los autores de este libro no es que las máquinas de IA se rebelarán, a la Terminator. O usurparán lo esencial del lenguaje de la civilización, como teme Yuval Harari.

Según Kissinger, Schmidt y Huttenlocher, la IA hará una cosa más desconocida: dará paso a una humanidad distinta.

Y esto es lo verdaderamente perturbador.