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El encabezado de la columna de hoy parece título de telenovela. Lo elegí porque en ella nos ocuparemos de un actor, Roberto Palazuelos, que ha participado en 16 de éstas producciones melodramáticas. Por cierto, a la mitad de la producción de una de ellas: “Dos mujeres, un camino”, fue despedido por haber abandonado una grabación en locación para irse a un concierto de Michael Jackson. Fue sustituido por Sergio Sendel, los televidentes ni cuenta se dieron.

En la actualidad, Roberto Palazuelos, quien además de actor es empresario hotelero y abogado de última hora, es precandidato a la gubernatura de Quintana Roo por el partido Movimiento Ciudadano, lo que ha suscitado una controversia debido a la frívola personalidad del postulante y su contraproducente pasado.

A estas alturas ya las lectoras y los lectores sabrán de la entrevista que le hiciera, hace tiempo, Yordi Rosado al aspirante, donde Roberto, tal vez por adornarse sin pensar en las consecuencias funestas que le traería su declaración, platicó, con lenguaje inapropiado para un medio de comunicación —cabroñol—, de cómo participó en una balacera donde “matamos al gordo y a otro güey”. Aunque aclaró que fue en legitima defensa, su presunción lo llevó a decir: “Yo traía una 380 con una portación de la Secretaría de la Defensa que es el calibre que puedes portar, traía un teniente del Ejército con una 9 milímetros de uso exclusivo, y traía un amigo mío colombiano mafiosón, con otra 9, más chueca que él”. El pez por su boca muere.

Antes de ayer, en rueda de prensa el llamado Diamante Negro, declaró que él no mató a nadie, que sólo disparó al aire, que fue su escolta, miembro del Ejército, el que mató a uno de los atacantes. ¿Por qué un actor, de media tabla, está custodiado por un miembro del Ejército, en mérito a qué o por qué?

Mi opinión es que Palazuelos —Balazuelos como lo denominó Rafael Barajas el Fisgón acertadamente— aunque sólo haya disparado al aire (sin atinarle) se dio un balazo en el pie.

Roberto a quien le ha redituado más fama ser pionero de los “mirreyes” que su anodina carrera de actor, aprovechó una entrevista en un programa de Imagen Televisión para lanzar una amenaza para todos los que lo critican o se manifiestan en su contra: “Llegará el momento cuando yo sea titular del Ejecutivo que ajustemos cuentas”. Aunque en la precitada rueda de prensa quiso atenuar lo dicho, con ésta declaración se dio un balazo en el otro pie.

Es un hecho que el precursor del “mirreynato” —una especie de club de amigos y admiradores de Luis Mirrey, que usan ropa de marca, con la camisa abotonada hasta la mitad del tórax, exhibicionistas y ostentosos y de bronceado indispensable— tiene más de un cadáver en el closet: Una exempleada lo acusó, dando la cara en Youtube, de que en los restaurantes de sus hoteles quintanarroenses se recicla la comida que dejan los comensales.

Una imputación grave es la publicada en el informativo de internet Renovación del 30 de enero del presente, proveniente del también empresario hotelero, Eddie Villareal, quien acusa a Palazuelos de tener propiedades con escrituras falsas y viciadas; además de emplear guardias de seguridad que portan armas de uso federal.

El Diamante Negro se queja de que todo lo negativo que se dice de él es guerra sucia y grilla aún de su propio partido. Alguien tiene que decirle que está jugando a la política no a las Damas Chinas.

Anécdota alterada
Amigo de los hijos de Miguel de la Madrid, acompañó a éstos a la inauguración de un tramo del Metro en el DF. Recientemente, para darse un baño de pueblo, volvió a usar este medio de transporte. Caray —dijo— desde aquella inauguración no me había vuelto a subir al Metro. Un pasajero que lo escuchó le reviró: ¡Vieras cómo te hemos extrañado!