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Después del último gobernante que España tuvo en nuestro país, Juan D’Onojú (1762-1821) y hasta el gobierno espurio de Victoriano Huerta, México tuvo 30 Presidentes, 2 Emperadores y un dictador. De eso trata el bien documentado libro “Ideotas Presidenciales” del humorista, caricaturista e historiador Antonio Garci. Pese al título que remite a la guasa, la publicación es una buena lección de historia. Eso sí, tiene rompimientos humorísticos que le dan sabor y hacen más entretenida la lectura de sus 192 páginas. Publicado por Editorial Diana, es recomendable para el periodo vacacional que se avecina.

Cabe la aclaración que de los 30 presidentes mencionados por Garci, cuatro de ellos fueron mandatarios en más de una ocasión, como Anastasio Bustamante 2 veces, Valentín Gómez Farías en cinco oportunidades, el súper campeón en éste rubro, Antonio López de Santa Anna, el primer fraccionador mexicano, encabezó el Poder Ejecutivo en 11 ocasiones y José Joaquín de Herrera en tres momentos. Aquí podría agregarse el nombre de Porfirio Díaz, pero don Porfis come aparte, él es el único dictador que, como tal, hemos tenido. Abordó el poder en 1877 y en 1880 puso a su compadre, el manco, corrupto y libertino, Manuel González, durante un cuatrienio y volvió al poder en 1884 para mantenerse en él hasta 1910.

Mencioné los rompimientos de humor que el autor hace en momentos oportunos; por ejemplo, del primer presidente que tuvimos escribe: “José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, mejor conocido como Guadalupe Victoria porque la verdad hasta para su mamá era mucho más fácil recordar Lupe Vicky que José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix (…) El fue el primer presidente de México y debido al nombre que se puso existe la confusión histórica de que fue la primera mujer en llegar a la presidencia de una república”.

Antonio López de Santa Anna, quien sumando el tiempo de las 11 veces que gobernó no alcanza para un sexenio, no podía escapar al sarcasmo de Garci; “fue un presidente de cuyas pendejadas se pueden hacer varios libros, es más, toda una biblioteca, y la pregunta obligada es: ¿cómo pudo ser tantas veces elegido por los mexicanos para gobernar? Hay dos teorías: o los otros políticos eran peores que Santa Anna o los mexicanos de aquella época eran mucho más pendejos que Santa Anna, y lo más probable es que las dos respuestas sean correctas”.

Aunque en todos los casos de presidentes que reseña surge siempre el humor de Toño, aquí transcribo algo escrito en alusión a Maximiliano y Carlota cuyo principal problema era “que estaban impedidos para tener descendencia —el único trabajo que deben de tener los nobles— debido a que Maximiliano era homosexual, y eso de tener sexo con las mujeres era algo que no haría jamás ni aunque le pagaran. Y la prueba es que de hecho sí le pagaban por hacerlo y no lo hacía, a Carlota no le tocaba ni el tema”. A pesar de lo afirmado por el autor, éste nos hace saber que en México, Maxi, tuvo un hijo con una mexicana de 17 años, Concepción Sedano, llamada la India Bonita, milagro —al decir de Garci— “digno de un capítulo de la Rosa de Guadalupe”.

Por supuesto que don Porfirio también es víctima de la ironía del caricaturista y escritor: “contaba con un ejército de aduladores que decían que olía a rosas cuando se echaba un pedo, o que cuando escupía en la alfombra —una costumbre muy famosa de don Porfirio— lo hacía para crear fuentes de empleo en la industria de limpieza de tapetes que era el futuro de la economía nacional”.

En cuanto a Pedro José Domingo de la Calzada Manuel María Lascuráin Paredes, cuyo nombre fue más largo que su periodo presidencial de sólo 45 minutos. Hecho que lo hizo pasar “a la historia como el mejor presidente de México, ya que no le dio tiempo ni de ensuciar el baño”.