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El pasado lunes, durante seis horas, la sensación de pérdida y la tristeza invadieron a millones de seres humanos devotos del Facebook, del Instagram y del WhatsApp; esto sucedió porque estas tres aplicaciones de redes sociales dejaron de funcionar.

Las seis horas de abstinencia hizo palpable que las redes sociales creadas, en principio, para acercar a las personas y permitir la comunicación entre ellas, han sufrido tal abuso en su empleo que éste se ha convertido, para un gran número de usuarios, en adicción.

Cuando se habla de adicciones se piensa en sustancias: nicotina, alcohol y drogas; también en juegos de azar. El Diccionario de la Real Academia de la lengua define adicción como “el hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos”. En su segunda acepción determina: “Asignación, entrega, adhesión”, aunque aclara que este segundo significado está en desuso. (Recuerdo que de niño, leía yo en el periódico de escándalos o riñas que se suscitaban en las “casas de asignación” —eufemismo de burdel—. Esto nada tiene que ver con el tema pero me acordé).

De regreso a la definición del mamotreto, creo que la adhesión como sinónimo de adicción jamás ha estado en desuso. Si consideramos el origen del adjetivo, este viene del latín addictus, addicere, que significa “adjudicar judicialmente algo o alguien”; inclusive se adjudicaban personas que se convertían en adictos —esclavos— de quien los detentaba. Mas aún, en sus memorias Gonzalo N. Santos (1897-1980) al referirse a sus partidarios políticos los califica como sus adictos —fieles partidarios—. (Esto tampoco tiene nada que ver con el tema pero yo soy adicto a la digresión).

Lo que quiero dejar en claro es que con la demostración del síndrome de abstinencia de millones de personas en el mundo causado por seis horas sin su aplicación o red social favorita, la Academia de la Lengua tendrá que considerar que la segunda acepción del adjetivo adicto no está en desuso puesto que existen una gran cantidad de seres humanos, asignados, adheridos, entregados al Facebook, al Instagram y al WhatsApp.

No todo aquel que usa las redes mencionadas es adicto, digamos que existen los usuarios light que pueden compararse con los bebedores sociales: un chiste o meme por WhatsApp; una fotografía de la novia por Instagram; una felicitación a un amigo por Facebook, pasa, es normal. Pero acceder a la red social 14 veces en el día y pasar navegando en ella más de una hora sólo por diversión, ya puede considerarse adicción.

Las estadísticas de las redes sociales en el 2021 indican que Facebook cuenta con más de 500 millones de usuarios en el mundo. El 30% de ésta cantidad se encuentran en Estados Unidos. El 17% —60 millones— en Latinoamérica, siendo México el país con mayor número de suscriptores, 12.5 millones. Se calcula que de los 60 millones de clientes de Facebook en nuestro continente, 52% son mujeres y 48% hombres

En nuestro país WhatsApp tiene más usuarios que Facebook. México, se encuentra en sexto lugar de 94 países investigados, con 63 millones de suscriptores.

Por lo que respecta a Instagram, averigüe que en el planeta, en 2019, había 1,000 millones de usuarios mensuales, el 71% de ellos Millennials y Generación Z (así llamados los menores de 35 años).

Según estudios biológicos y psicológicos los “likes”, las conversaciones satisfactorias, el compartir imágenes motivadoras e información chistosa o interesante, hacen que nuestras neuronas generen dopamina, una sustancia química que nos hace sentir bien, de ahí que nuestra mente pida más de manera compulsiva y se obsesione por el objeto que la produce, alterando el funcionamiento del sistema nervioso.

Si la Organización Mundial de la Salud, le da categoría de adicción al uso inmoderado de las redes, muy pronto se creará ARSA: Adictos a las Redes Sociales Anónimos.