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El 17 de enero de 1974, el movimiento guerrillero colombiano, conocido como M-19, en una acción que causó azoro entre la sociedad y las fuerzas armadas de Colombia, sustrajo de la Casa Museo Quinta de Bolívar, en Bogotá, una espada que perteneciera al Libertador Simón Bolívar. El grupo reivindicó, el robo del sable con una frase del poeta Nelson Osorio: “Bolívar, tu espada vuelve a la lucha”.

En primera instancia la espada fue guardada en la casa del poeta León de Greiff, simpatizante del movimiento. Inclusive en un homenaje que le hicieron a Greiff en su propia casa, asistió el presidente, Alfonso López Michelsen, quien estuvo, sin saberlo, cerca del estoque. A la muerte del poeta el 11 de julio de 1976, el florete comenzó un periplo que incluyó Panamá y Cuba. Luego de la desmovilización del M-19 en 1990 la espada que se encontraba en Cuba fue devuelta a Colombia por conducto del presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez, la recibió el presidente de la Alianza Democrática M-19 y presidente de la Asamblea Constituyente, Antonio Navarro Wolff, teniendo como testigo a Gabriel García Márquez.

Sabido es que el hoy presidente colombiano Gustavo Petro, fue miembro del M-19, como una gracia especial en su toma de posesión pidió al presidente saliente Iván Duque que la espada del Libertador estuviera presente durante su ascensión al poder que se llevó a cabo el pasado día 7 de los presentes. Por capricho que tienen los hombres de poder el presidente Duque negó la presencia de la tizona en dicha ceremonia. Una vez proclamado Presidente de la República de Colombia, por esos capricho que tienen los hombre de poder, la primera orden emitida por Petro fue la presencia de la precitada Espada del Libertador, símbolo de la Soberanía Latinoamericana.

El arma fue recibida con respeto por los presentes que aplaudieron y se pusieron de pie, en señal de homenaje conforme la alegoría patria pasaba frente a ellos. Únicamente cuando la distintiva espada pasó frente a la real y mangante figura de Felipe VI, rey de España por las pillerías de su señor padre, éste permaneció sentado como si más que ante un emblema libertario estuviera frente a un kilo de indigesta morcilla.

La ministra de Asuntos Sociales y líder de Podemos, Ione Belarra criticó que el rey Felipe VI no se levantara al paso de la espada de Simón Bolívar: “Nuestro papel era mostrar todo el respeto y apoyo al proceso democrático recorrido. Es inexplicable lo ocurrido y merece una disculpa”.

El artículo 64 de la Constitución de España, mandata respecto a los refrendos del Rey (mayúscula en el original): “El Presidente del Gobierno o Ministros competentes refrendan (confirman) los actos del Rey y son responsables de estos actos”. Interpretando dicho artículo, Pablo Echenique, diputado en las Cortes Generales de la XIV legislatura y portavoz de la organización partidista Podemos, ha mostrado su enojo por lo ocurrido y ha querido indagar insistentemente, sin lograrlo, si José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, estuvo al tanto de las intenciones irrespetuosas del rey.

Total que no se sabe si el propósito de Felipe VI fue el de faltarle al respeto a un país hispanoamericano o le ganó la gilipollez borbónica.

Quevedo y el rey
Célebres son los epigramas y chistes que don Francisco de Quevedo ((1580-1645) hiciera a los monarcas españoles Felipe III y Felipe IV, uno de ellos lo comparto con mis queridas lectoras y mis apreciados lectores: Cierto día Quevedo y el rey subían unas escaleras cuando se le desató un zapato a Quevedo. Al atárselo, como se le puso el trasero en pompa, el rey le dio un manotazo en el culo para que siguiera. Quevedo soltó una flatulencia. El rey le reclamó: ¡Hombre, Quevedo! Y Quevedo contestó: ¿A que puerta llamará el rey que no le abran?