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La carrera espacial que en la segunda mitad del siglo pasado disputaron la URSS y Estados Unidos, tiene, en la tercera década del siglo XXI, una nueva edición, ésta no es entre potencias políticas, sino entre impetuosos millonarios de inmensas fortunas. Ellos son el fundador de Amazon, Jeff Bezos y Richard Branson, dueño de Virginia Group, corporativo mundial de 300 empresas con las más diversas actividades.

Se podría pensar que tanto Jeff como Richard, tienen tanto dinero que al no encontrar donde gastarlo les dio por derrocharlo dándose el gusto de viajar al espacio por su cuenta y riesgo. Si bien, en sus respectivos viajes si hay un espíritu de carísimo esparcimiento, al parecer el dinero a raudales se vuelve adicción y los que lo poseen cada vez necesitan más dosis. Richard y Jeff no dan paso sin sus Berluti Rapiécés Reprisés (zapatos de 2,000 dólares el par). Detrás del lúdico viaje cósmico, está la posibilidad de crear una Agencia de Viajes Espaciales. No se extrañé usted si dentro de una o dos décadas, haya anuncios que pregonen: “Viaje a la luna 1 día y 1 noche (28 días terrestres) por 5 millones de dólares. No incluye alimentos, propinas, ni menores gratis”.

Fue durante el lapso de 11 días (terrestres) en el que ambos personajes, estúpidamente ricos, hicieron su respectivo viaje. Tocó al inglés Richard Branson hacerlo el domingo 11 de julio. Su avión Unity, de Virgin Galactic, despegó de Nuevo México, Estados Unidos. A Branson lo acompañaron tres de sus empleados de alto rango: dos mujeres y un hombre. Además el avión fue tripulado por dos pilotos.

La aeronave fue conducida por un avión nodriza que, antes de separarse, propulsó a la parte suborbital del aparato en la que iban los pasajeros. Ésta ascendió lo suficiente para que los tripulantes experimentaran la sensación de no estar sujetos a la gravedad terrestre. Una vez que la nave registró la fuerza gravitatoria de la tierra comenzó el descenso hasta aterrizar como cualquier aeroplano.

Jeff Bezos, esperó 9 días para realizar su viaje simbólicamente en la conmemoración de los 52 años en que el hombre puso un pie en la Luna. El cohete llamado New Shepard en honor al primer astronauta estadounidense, completamente automatizado, llegó a la altura de 106 kilómetros, 16 más que el avión de Branson. Iban a bordo, además de Jeff, su hermano Mark, Wally Funk, mujer de 82 años que en los años 60 fue preparada como astronauta, aunque los machos de la NASA no le permitieron viajar; y un joven holandés de 18 años, cuyo padre pagó el viaje; sin que se sepa cuánto le costo. Durante unos minutos los pasajeros tuvieron la sensación de ingravidez. Tiempo que se pasaron lanzándose dulces y pelotas y gritando “guaú”.

En conferencia de prensa Bezos expresó que quedó “atónito al ver la belleza de la Tierra”. Por supuesto que a esa distancia no se ven los países en los que la empresa que fundó no paga impuestos; ni sus empleados a los que, es mundialmente sabido, paga muy poco por trabajar mucho.

El mejor amigo del hombre

Escribo esto en el día del perro, el mejor amigo del hombre; aunque yo soy de los que piensan que el mejor amigo del hombre es el libro. Los libros no ladran, aunque, reconozco, que no defienden a sus amos cuando se mete un ladrón a casa; tampoco defecan en las banquetas, ni muerden a las personas; no exigen comida ni hay que sacarlos al pasear. Los libros enseñan, en cambio a los perros hay que enseñarles. Conozco libros que nos dicen como tratar a los perros y, hasta ahora, no he conocido un perro que enseñe como tratar a los libros. Eso sí, en el país de los ciegos el perro es rey.