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Han sido más de cuatro los comentaristas políticos que han calificado la escapada al extranjero de Ricardo Anaya como una “graciosa huida”. El último de éstos Elisur Arteaga Nava, en la revista Proceso que está circulando esta semana.

La frase que se arraigó en el lenguaje popular mexicano, es parte del lema que el cronista taurino José (Pepe) Alameda, inventó y usó como epígrafe de su programa taurino que se transmitió desde el 4 de noviembre de 1945 por XEW radio, durante 30 años, todos los domingos después de la Hora Nacional. En ese espacio radiofónico, el escritor y también poeta, de alto registro literario, —así mismo boceto de pintor—, hacía la reseña de la corrida de toros o novillada que, esa misma tarde él había narrado, en un principio por la radio y después por la televisión. Si no había toros en la capital, él siempre narraba la más importante del día que se llevara a cabo en alguna ciudad de la República.

Su verdadero nombre fue: Carlos Fernández Valdemoro (Madrid 1912-Ciudad de México 1990). Exilado de la Guerra Civil española, llegó a México en 1940. Mientras esperaba a que le llegará de España su título de abogado, puso una tienda de artesanías en la avenida Juárez, a la que no le fue muy bien. Por su gran afición y conocimientos de tauromaquia, recibió una invitación para hablar de ese tema en la XEBZ. Gustó tanto que el dueño de la estación Ricardo Hinojosa, le ofreció un contrato para un programa dominical sobre la fiesta brava.

Su nombre no le gustaba para ser cronista, tuvo que inventarse uno. Pensó en su negocio frustrado que estaba frente a la Alameda. Por asociación de ideas se acordó de la Alameda de Hércules en Sevilla, donde vivieron algunos toreros famosos, como ‘los Gallos’ y ‘Chicuelo’; y ya estaba el apellido. El nombre los escogió entre Rodolfo (por Gaona) Juan (por Belmonte) y José (por Joselito). Le pareció más apropiado —además él era joselista—, el último, porque, escribió: “es el nombre de un famoso carpintero, noble oficio”. Con el nombre de José Alameda hace su debut en radio el 30 de octubre de 1941.

Y de ahí, por méritos y conocimientos propios pasa a la Catedral de la Radio, la XEW, donde la experiencia adquirida en todo tipo de programas le indicaba que era costumbre empezar con una rúbrica, un sello propio, una frase musical. Entonces pensó, iniciar su espacio radiofónico con una rúbrica, pero hablada. Una oración con el suficiente impacto para fijar la atención del radioescucha. Había escrito un ensayo “Disposición a la muerte”, que culminaba con varias frases aforísticas. Pensó en ellas, las revisó y las percibió largas. Hubo una que le gusto: “El toreo no es burla, sin pasión; entrega total y no graciosa huida”. Ahí estaba la firma buscada. Sólo había que comprimir la frase. Así surgió: “El toreo no es graciosa huida, sino apasionada entrega”.

“La frase hace fortuna —dice el autor en su libro de memorias ‘Retrato inconcluso’—. Empiezan a citarla en los periódicos y repetirla en la calle, aunque aislando sus elementos, el que más funciona es el de ‘graciosa huida’”.

Si el autor viviera, al leer su frase aplicada sobre la fuga, espantada o desbandada de Ricardo Anaya, comprobaría con gusto que su expresión ya tiene certificado de naturalización en el habla popular mexicana, aun ignorando su origen y a su creador.

Talibán

Corre por EU, más que un chiste, una conseja popular que es una fina ironía y una enseñanza de vida y de política. La ocurrencia la consignó David Brooks en su columna ‘American Curios’ y yo la comparto con ustedes: “Si alguna vez te sientes inútil, recuerda que tomó 20 años, billones de dólares y cuatro presidentes estadounidenses para remplazar al Talibán con el Talibán”…