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La madrugada del pasado viernes llegó a México, procedente de España con carácter de extradición, el que fuera director de Pemex, Emilio Lozoya, nada más bajarse del avión hizo su primera declaración: “Ay, me siento mal”.

Aunque no soy analista político sino un simple ciudadano que opina de política, en el caso de Emilio Lozoya se impone un análisis; sí, un análisis de sangre. ¿Cómo es posible que habiendo salido de España completamente sano según informaron las autoridades de la cárcel de donde procedía y al descender del avión hayan detectado que padece anemia y problemas en el esófago?

La anemia, independientemente de los modelos que de ella existen, es la insuficiencia de glóbulos rojos en la sangre. Para saber si una persona es anémica es necesario un análisis de sangre. Análisis de este tipo no pueden realizarse en un avión, por mucha duración que tenga el vuelo. Mucho menos en el camino del aeropuerto de la Ciudad de México al Hospital Ángeles del Pedregal. De ahí que haya suspicacia sobre su internamiento.

En cuanto a los problemas del esófago no son otra cosa que el llamado reflujo gástrico, que si bien es molesto porque el que lo padece siente como si tuviera un dragón en su aparato digestivo, no es como para hospitalizarse; se quita con bicarbonato disuelto en agua. Pero la mejor receta para no sufrirlo es abstenerse de cenar.

Por otro lado, a través de sus redes sociales la acreditada periodista Lydia Cacho informó que según sus fuentes oficiales en España, quienes investigaron y arrestaron a Emilio Lozoya, aseguran que está perfectamente sano. Además, agregó que, según las mismas fuentes, Lozoya tiene vínculos con la mafia rusa y el blanqueo de capitales, asuntos que están demostrados. Conforme a lo dicho por la periodista, la carpeta entregada a la Fiscalía General de la República, sobre el paso del ex director de Pemex por Europa, prueba delincuencia organizada transnacional.

Algo que es importante que la Fiscalía nos diga con absoluta transparencia es quién está pagando la estancia de Lozoya en uno de los hospitales más caros del país. Si los gastos están corriendo por cuenta de una instancia gubernamental ¡qué desperdicio de dinero! ¿Dónde quedó la austeridad? Pienso que con el desembolso monetario de un sólo día de permanencia del “enfermo” en el hospital, antes conocido como Humana Vázquez, se podrían comprar dos computadoras para la Secretaría de Economía.

Por muy enfermo que estuviera el reo (jete) podría estar instalado en la Torre Médica del penal de Tepepan. Ahí estuvo internada la maestra Elba Esther Gordillo, que realmente estaba enferma.