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Ya con 26 instituciones civiles bajo su mando, y la quinta parte del Presupuesto del país en la bolsa, el Ejército decidió acompañar la instauración de un duradero régimen populista en México, como hicieron los militares en Venezuela y en Nicaragua.

Por eso los secretarios de Sedena y Marina rebasaron toda consideración política, y fueron con el presidente al único país comunista de Occidente. También decidieron una “reformulación de la doctrina”, algo que no hacían desde el gobierno de Carlos Salinas.

Pero no es un asunto meramente mexicano: es de todo el populismo que ha ganado el poder en América Latina desde que Hugo Chávez implantó la dictadura en Venezuela, tras ganar las últimas elecciones democráticas de ese país, en octubre de 1998.

En los países donde llega al poder, el “Socialismo del Siglo 21”, redefine la relación de la izquierda radical y de la izquierda moderada con los militares, para garantizar la continuidad del proyecto populista, más allá del primer mandato ganado en las urnas.

Por ejemplo, el Ejército mexicano creó una “generación de doctrina”, algo que sólo hace cuando admite la incubación de una sociedad nueva por, al menos, un cuarto de siglo. La “generación de doctrina” anterior la hizo en la presidencia de Salinas.

Entonces, el Ejército mexicano avizoró la llegada en México de una nueva organización de la sociedad, con nuevas relaciones entre el poder y los partidos políticos, los grupos empresariales y la Iglesia, así como:

–Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá

–Reforma política

–Órgano electoral independiente (INE)

–Instituciones ciudadanas

–Comisión Nacional de los Derechos Humanos

–Privatización masiva de empresas estatales, incluida la banca

–Restablecimiento de relaciones Estado-Iglesia

–Planes sociales (Programa Nacional de Solidaridad)

El Ejército mexicano mantuvo “la generación de doctrina” que creó con Salinas, hasta la llegada de la autollamada “Cuarta Transformación”, en la cual se registra un efectivo desmantelamiento del tejido institucional y democrático del país.

Y lo avisó durante la Revista de Entrada de la Comandancia del Ejército Mexicano, una nueva figura de la reorganización administrativa en el Ejército y la Fuerza Aérea para redefinir su misión, su poder y sus cuantiosos recursos.

Va, también, en la propaganda política dentro de los cuarteles, basada en la palabra del presidente como guía ideológico del Ejército. Las frases del mandatario cubren las paredes y bardas en los centros de adiestramiento y edificios administrativos.

Este adoctrinamiento de los soldados sienta las bases para dar larga vida a un régimen como los de Venezuela y Nicaragua, de transmisión del poder entre un mismo grupo político, elecciones controladas y Ejército absorbiendo toda la administración civil.

Pero por supuesto que los militares lo saben.