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Prima en la discusión pública la certeza de que la última aduana que queda para contener el paso de la reforma judicial es el voto de los 43 senadores que han comprometido públicamente su oposición a ella.

43 es la cifra que impide la mayoría calificada de dos tercios en el Senado.

Se han hecho elocuentes llamados a que los 43 conserven su contención senatorial, dado el servicio histórico que harían a la República.

En efecto, harían un bien enorme a la estabilidad constitucional de México, evitando su ruptura aventurera.

Le harían un servicio a la democracia, mostrando el poder de las minorías, cuando las mayorías son tan sordas como la que domina hoy el proceso legislativo.

Le harían incluso un servicio al nuevo gobierno, dándole tiempo para respirar y asumir sus propios tiempos, sin entrar al poder cargando ya una losa de conflictos y compromisos difíciles de cumplir.

Le harían también un gran servicio al Senado, como cámara de revisión, corrección y sensatez legislativa, la sensatez de la experiencia, de los senectos, los adultos mayores de la polis.

Y se harían un servicio a sí mismos si se hacen respetar como minoría, ejerciendo el poder que tienen para no perderlo del todo y no ser avasallados luego por una mayoría que les ha demostrado con hechos que lo que quiere es borrarlos de la escena.

Los 43 senadores están más presentes y son más decisivos que nunca en la escena. Pueden hacer la diferencia histórica entre unanimidad y pluralidad, entre autocracia y democracia, entre división de poderes y sumisión de poderes.

Quien no ejerce el poder que tiene es devorado después por el poder que no ejerció. Creo haber leído esto en Octavio Paz, aunque suena también a Maquiavelo y a Weber.

No importa su pedigrí intelectual, lo que importa es que describe con precisión el riesgo ante el que están los 43 senadores que han comprometido su voto contra la reforma judicial.

Si no ejercen el poder que tienen, serán borrados por el poder que no ejercieron, por el poder de la mayoría que no quisieron contener.

“Hay que linchar a los que voten en contra”, gritó en tribuna alguna civilizada legisladora morenista.

Esa es la voz de la mayoría desaforada que los 43 pueden contener, en mejor servicio de la República, de la democracia y de ellos mismos.