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Hace más de seis años comencé mis colaboraciones en este espacio.

Después de 322 columnas, nuevos retos profesionales me obligan a cerrar mi ciclo en este gran diario que es MILENIO.

Aunque fue la coyuntura la que impuso los temas, siempre traté de entender los cambios trascendentales que definen nuestros tiempos. Uno de los asuntos centrales a partir del cual abordé la realidad fue el del “fin del poder”, para citar a Moisés Naím. Reflexioné sobre la crisis de las grandes instituciones, hablé de la frustración social, del “enjambre digital” y de las fake news; de la desigualdad y el precariado (esa clase de trabajadores que viven en la desesperanza) y de los movimientos antisistema, entre otros temas.

Grecia y España llamaron mi atención de inmediato. Aquellos desafíos al establishment anticiparon el rechazo a la política de siempre, como luego se reflejaría en los triunfos del brexit y de Trump. Me parecían evidentes la desconfianza en las élites, la oposición a las políticas neoliberales, la polarización y la reivindicación del pueblo; reacciones, todas ellas, animadas por el enojo y el miedo en distintas combinaciones.

Reiteré que en ese contexto debía entenderse el ascenso y la popularidad del presidente López Obrador. Ante la sorpresa de muchos por su “resiliencia”, aun en tiempos de pandemia, insistí en su capacidad para romper con un pasado repudiado para conectar con los olvidados por los tecnócratas y para generar optimismo en un futuro mejor. Recientemente me he referido a la polarización en México.

Aunque los datos de encuestas y la realidad misma nos sitúan aún lejos de lo que vemos, por ejemplo, en Estados Unidos, el riesgo de que nos encaminemos en esa dirección es enorme.

El juego político no es todavía de “suma cero”, pero la revocación de mandato podría llevarnos hacia allá.

Una sola columna es, sin duda, poco espacio para rescatar todas las opiniones que aquí he expresado. Pero la oportunidad que a lo largo de estos años me obsequió Francisco González en su diario ha sido extensa y muy apreciada. Gracias a él y a quienes me leyeron durante estos años.