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México, el país que detiene, retiene y violenta a los migrantes. Nos hemos convertido en lo que tanto criticábamos de Estados Unidos, ahora somos como y peor que ellos.

Caravanas de migrantes centroamericanos que se han topado con persecuciones directas e intencionadas para dañarlos, golpearlos y derrocarlos.

Llevamos viendo escenas desde el fin de semana pasado en Tapachula, con caravanas que fueron disueltas por agentes mexicanos.

Un agente pateaba de manera brutal a un migrante que caía en el suelo y que era golpeado por el resto del grupo.

Hemos sido testigos, gracias a las imágenes difundidas a través de redes sociales de los gritos, el llanto, la desesperación, la angustia y el dolor de quienes nos usan de camino para llegar “al otro lado” o esperan un golpe de suerte, una oportunidad para rehacer sus vidas en un país que pareciera ser más humano y menos detestable.

Pero ni la promesa de ofrecer permisos de trabajo, ni el país hermano que antes éramos o que por lo menos no sucumbía en el abuso de poder con salvajadas de miembros de la Guardia Nacional.

Juan Manuel Blanco de la agencia EFE, toma esta fotografía que me parece tan grave como todo lo que hemos visto. La ambulancia como una señal de emergencia, un grito de ayuda para las ONU, para las organizaciones defensoras de migrantes y para quienes puedan poner un alto a la ferocidad de las autoridades en materia de trato y respeto al ser humano.

Las caravanas fueron detenidas con confrontaciones, encerronas, gritos, golpes y los alaridos de desesperación de mujeres que buscaban a sus hijos entre los montoneros que iban de un lado a otro.

La escena con la ambulancia, elementos del Instituto Nacional de Migración en espera y otros observando cómo dos mujeres tiradas en el piso, socorren a alguien más en medio que no alcanzamos a distinguir.

En el piso pareciera haber sangre o un líquido que se desparrama por debajo de la mujer de playera azul.

Ellas miran lo que es suyo les ha sido violentado, ultrajado y lastimado.

Ellas solas, como si fueran parte de una escena de entretenimiento para seis elementos que no hacen nada por ayudarles. ¿Qué pasó? Lo desconocemos, pero la ambulancia está allí.

Uno fotografía, un camarógrafo por allí detrás, pero nadie ayuda, ni le da atención a las dos mujeres en el suelo.

La violencia que no lanza golpes directos, pero que sí hiere y que destroza el sentido de humanidad, de empatía, de solidaridad, de unirse al otro por el simple hecho de tener mayor capacidad de apoyo.

Los migrantes vienen sin saber a qué se enfrentarán, pero reconocen el riesgo latente al crimen organizado, a la inseguridad y al abuso de poder, pero lo que ahora hemos visto es más que eso, es un puro sentimiento de superioridad que les da tener un uniforme.

Parece que no sabemos qué hacer con los migrantes, pero por sí mismo la imagen declara la urgencia humanitaria en nuestro país.

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Migrantes en Chiapas. Foto: EFE/ Juan Manuel Blanco