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Las mañaneras, ese acto en el que nuestro presidente aparece para compartirnos una junta de trabajo con su equipo más cercano, en la que debe de ser actualizado de cada uno de los temas más importantes para los mexicanos y para el país.

Nosotros somos los espectadores de una reunión privada en la que cada uno pasa al frente para exponer un power point con estadísticas y gráficas que, casualmente, todas indican números en positivo.

Cada mañana nuestro presidente sale primero al escenario, inmediatamente viene alguien detrás de él que pasa a tomar asiento para asentir con la cabeza el saludo mañanero (si es que hay) y después esperar su turno para pasar al frente y exponer.

Un ejercicio de vocería, pero sin vocero. Una práctica vieja para López Obrador desde que era Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, salir primero, antes que todos y marcar agenda. Eso lo sabe hacer y aunque haya quienes les guste o no, lo hace muy bien.

No hay quien quiera despertarse y aparecer en ruedas de prensa antes de las seis de la mañana, y claro tampoco hay medio que logre convencer a sus reporteros y fotoperiodistas a acudir, si es que el tema no es trascendental. Siempre un juego de piezas que hay que saber mover, y temas que deben ser los que marquen la pauta del día siguiente.

No es noticia que al presidente no le ha ido nada bien desde hace un par de semanas y todo indica que seguirá. Todos perdemos la confianza cuando se nos presentan mentiras, engaños y hasta las traiciones.

No se puede creer siempre, no se puede mentir tanto. Bien dice mi madre, entre más “mientras más mientras, más te enredas” y eso es lo que pasa entre los habitantes del Palacio Nacional y familia.

Hoy no empezó nada bien, no solo porque tuvieron que aparecer con el “Quién es quién” en el precio de los combustibles, una especie de catarsis personal de este gobierno.

En la foto que hoy les presento en este espacio visual, López Obrador camina directo al micrófono para dar inicio a su conferencia y no es que se haya puesto la mano en la oreja izquierda en señal de que no escucha, sino que se rascó por unos 3 o 4 segundos mientras avanzaba.

Entonces José Mendez, fotoperiodista de EFE alerta a su trabajo y labor de informar, comenzó a fotografiarlo desde el momento en que aparece, y eso no lo hace cualquiera, porque muchos esperan hasta que el presidente se coloque frente al micrófono y pronuncie las primeras palabras.

Bien por José que nos ayudó a congelar este momento en el que consciente o inconscientemente, el presidente da indicios de su nerviosismo y de una señal clara, en la comunicación no verbal, que es rascarse el cuello con sus dedos son señal de duda, incertidumbre y hasta la posibilidad de estar diciendo mentiras.

Siempre hay quienes observamos estos detalles, en especial con los políticos porque hay que hacerlo. Ellos aprenden a mentir y los ciudadanos tenemos que estar atentos a que nos cumplan lo que prometen. La eterna tarea de unos con los otros.

No es nuevo, hay especialistas en el tema que saben interpretar los movimientos corporales con lo que pronuncian y lamentablemente, muchos mienten, temen y se muestran nerviosos con pequeños movimientos o posturas.

La semana pasada cerró mal y de malas, y esta parece que tampoco le pinta nada bien. Lo bueno es que febrero es el mes más corto y ya está por acabarse.

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