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El Meteorológico Nacional detalló que este jueves 16 de febrero dará inicio una onda de calor en al menos seis entidades
Nacional CFE cierra 2025 con beneficios récord de 7 mil 724 millones de dólares
Las cifras representaron un crecimiento anual de 1.8 %, tratándose del mejor desempeño financiero en la “historia reciente” de la CFE
Internacional Familiares de presos políticos hacen vigilia en Caracas por la liberación de sus parientes
El Parlamento aprobó una ley de amnistía para los casos de presos políticos desde 1999 a 2026, pero la norma excluye el resto del período establecido
Nacional La caída del ‘Mencho’ y la infamia
          Lo que ahora veo, tras el operativo del domingo, es que los hay, delincuentes y operadores, que no han superado el golpe que nunca pensaron: la captura y muerte de su jefe supremo
Deportes México golea a Islandia en amistoso
Richard Ledezma, Armando González, Jesús Gallardo y Brian Gutiérrez reflejaron en el marcador la superioridad de los mexicanos, que jugaron con figuras de la liga local.

El conflicto de interés latente en la adquisición de las casas del presidente Enrique Peña Nieto es quizá el mayor problema patrimonial que enfrentan él y su gobierno.

Pero las casas del Presidente no son el mayor problema patrimonial de México. Solo, si acaso, su indicio: una raya en la punta del iceberg de la riqueza inexplicable que es el patrimonio de la clase política de México. La de antes y la de ahora. “Político pobre, pobre político”, decía el político rico, Carlos Hank González.

Estamos enfermos de presidencialismo, para la alabanza tanto como para la crítica. Por eso las casas del Presidente son las que provocan el escándalo. Pero el gran escándalo oculto de la vida nacional, aunque a la vista de todos, no son las casas del Presidente, sino las de los políticos en general, de todos los niveles y partidos, las casas que hablan de fortunas inexplicables.

No deja de ser sintomático que el presidente Peña Nieto publicó ya completa su declaración de bienes, sin que lo haya seguido hasta ahora ninguno de sus colaboradores.

Los políticos de México guardan silencio sobre el mayor reproche que pende sobre ellos: el origen de su riqueza.

A revelar su patrimonio no los obliga la ley, pero se los pide a gritos una franja creciente de la ciudadanía a la que ellos se deben también como profesionales de la vida pública. Nada son en el fondo sin la tolerancia y la credibilidad de esa ciudadanía.

Los casos se suceden y alimentan la espiral. Supimos el domingo la versión de que un ex gobernador de Oaxaca tiene propiedades millonarias en Manhattan.  Y la de que un hijo de Carlos Hank González tiene ahorros multimillonarios (150 millones de dólares) en la banca suiza.

Quizá la revuelta de estas horas contra la corrupción tenga la densidad necesaria para volverse algo más que una racha de altas quejas. La indignación que hierve en la sociedad puede volverse una avalancha cuya única contención termine siendo el cambio verdadero de las reglas y las conductas: una revolución  moral.