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Indudablemente el mejor recurso de la mente mexicana en cualquier tiempo es explicarlo todo acusando a los demás. Este es el país de los inocentes. Los responsables o culpables siempre son otros.

El Himno Nacional (con todas sus reminiscencias santanistas, machistas y teocráticas), debería ser sustituido por aquella ronda infantil de pegajoso retintín:

“…Yo no fui, fue Teté…”

La violencia en México es culpa de Felipe Calderón (no de los criminales a los cuales quiso combatir con el Ejército), aunque este gobierno haya constitucionalizado el error calderonista de sacar a las calles el verde olivo).

El gobierno mexicano (este y otros anteriores), han hallado el camino sencillo para explicar la violencia en este inseguro y sangriento país, echarle la culpa a las armas, como si los fusiles de asalto, las pistolas, los cuernos de chivo y lo demás, se dispararan solos.

El borracho le echa la culpa a la botella, el violador a la minifalda de la muchacha provocativa, el asesino a la casualidad, el futbolista a la maldición de los penales; el clavadista a la alberca; y así en una sucesiva e infinita cadena de disculpas.

Y en la circunstancia de la insoportable violencia nacional, la culpa se reparte por igual en lo interno y lo externo. En ambos casos los argumentos –el pasado y las armas gringas–, son pueriles (infantiles) e inaceptables si se piensa con madurez y responsabilidad.

Pero eso no da votos ni electorales ni políticos.

Por eso Marcelo Ebrard ha demandado a los fabricantes estadunidenses de armas (no a los comerciantes), por llenar el mundo (nuestro mundo), con sus mortíferos productos.

Llama la atención lo incompleto de esta acción legal del avezado y oportunista canciller mexicano, quien desea avanzar casillas y más casillas en la carrera presidencial y el favor de quien dispensará la candidatura.

Si el arma más letal de todas cuantas se usan por parte del crimen organizado es rusa, ¿por qué no hemos demandado también a los fabricantes de la maravillosa y precisa Kalashnikov AK-47.

Y por qué demandar a los fabricantes –solamente— y no a los comerciantes. Y ya entrado en gastos a los aduaneros coludidos con los contrabandistas

Otro detalle notable es la fecha cuando se presenta la demanda. Pocos días después de la visita de Ebrard a El Paso, donde se reunió con las víctimas mexicanas de un furioso ataque armado (considerado allá un acto terrorista), en territorio estadunidense.

Mientras se lloriquea por la violencia causada por las armas extranjeras en nuestro suelo, se conmemora a las víctimas… en otro país.

A veces, frente a las torpezas de este gobierno, ser mexicano es mejor en el extranjero.

Así lo comenta “The New York Times”, cuyo texto debe ser desestimado porque se trata de un pasquín amoral, pero de todas maneras ahí está:

“La demanda fue presentada un día después de que Ebrard asistiera a una ceremonia en conmemoración del segundo aniversario de la masacre de 23 personas que fueron asesinadas por un hombre armado en una tienda Walmart de El Paso, Texas, en 2019, entre ellas varios ciudadanos mexicanos.

“A pesar de la promesa de campaña del presidente Andrés Manuel López Obrador ese año de frenar el derramamiento de sangre atacando la raíz de la violencia, una estrategia que llamó “abrazos, no balazos”, hasta ahora las autoridades no han podido avanzar mucho.

“Desde la aplastante victoria de López Obrador hace tres años, los asesinatos han disminuido menos del 1 por ciento. En lo que va de año, más de 16.000 personas han sido asesinadas en México, según cifras del gobierno”.

La viabilidad de esta acción legal (una demanda civil) es realmente escasa. Nunca los fabricantes de armas han perdido un juicio en los Estados Unidos y este no parece ser el caso.

Las grandes corporaciones han perdido batallas legales (como las tabacaleras), pero no por eso han dejado de existir ni de comerciar con sus productos, sea cual sea el efecto causado contra los consumidores.

Atacar a los proveedores de armas estadounidenses en Estados Unidos, es como pelear contra los panaderos que hacen hostias en el Vaticano.

Y si Marcelo Ebrard cree que sus acciones contra los fabricantes de armas no van a producir efectos en la relación con los gobiernos, está equivocado. Debería recordar aquella vieja frase, “lo que es bueno para la General Motors, es bueno para el gobierno de los Estados Unidos.”

Cambie usted la compañía y ponga Smith & Wesson y tendrá el mismo resultado.

En medio de la euforia por esta audacia jurídica (que lo es), valdría también la pena reflexionar en esto:

“(La jornada).-La estadounidense Asociación Industrial del Comercio de las Armas rechazó las acusaciones del gobierno de México y afirmó que se busca un “chivo expiatorio. Las acusaciones carecen de fundamento.

“El gobierno mexicano es responsable del crimen desenfrenado y la corrupción dentro de sus propias fronteras”, sostuvo Lawrence G. Keane, vicepresidente senior y asesor jurídico de NSSF.

“La actividad delictiva de México es resultado directo del tráfico de drogas, la trata de personas y los cárteles del crimen organizado que plagan a los ciudadanos de México.

“Son estos cárteles los que hacen un uso indebido delictivo de armas de fuego importadas ilegalmente a México o robadas al ejército mexicano y a las fuerzas del orden público”, afirmó la NSSF”.