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Los seres humanos somos tercos por naturaleza, vamos y vamos estirando la liga hasta donde aguante, como si esperáramos con ansias y emoción el momento en que el plástico no soporte más y se reviente en nuestras narices.

Inclusive desconozco que solo sea un rasgo de los mexicanos, porque seguramente otros países latinoamericanos seguro tienen un poco de terquedad en su ADN.

Por ahí dicen que la terquedad es muy mala consejera y en estos nuevos tiempos de crisis sanitarias, económica y social pareciera ser un ingrediente más a la segunda o tercer oleada del Covid19.

Los colores de los semáforos que emiten la Secretaría de Salud y los distintos estados, hasta ahora que llegamos al primer año, parecen que son ley. El único que se respeta y se atañe “casi” al pie de la letra es el rojo, mientras que el naranja y el amarillo pareciera que son indicaciones para abrir la puerta y en un parpadeo, reiniciar la vida.

Un año de no ir a la escuela, de no ir a la oficina a trabajar, de no viajar, de no salir con las y los amigos, de no ir a un antro, de no ir a una boda, de no abrazar a los padres ni a los abuelos. Un año de transcurrir en un ritmo distinto y un estilo de vida contradictorio al que solíamos llevar.

Apenas hace una semana los semáforos fueron cambiando de tonalidad y las actividades de convivencia comenzaron a ser consideradas para los adultos mayores y menores de edad.

Las puertas de las casas comienzan a abrirse a un fin de semana largo, al calor previo de la llegada de la primavera y a las vacaciones de Semana Santa.

Las puertas se han abierto y la gente ha decidido salir como toros enjaulados, sin tantas restricciones porque los números de muertes han disminuido, las hospitalizaciones se cuentan por menos, y porque la repetitiva noticia de vacunas por aquí y vacunas por allá, nos pintan un cuento de hadas inexistente.

La realidad es que pareciera el día de la marmota, volvemos a estar ante un oasis de una o dos semanas, que nos ganan las ganas de irnos a la playa y salir a divertirnos, cuando los países europeos que nos llevan la delantera, como hace un año, han vuelto a emitir restricciones de convivencia y el encierro de nueva cuenta.

La fotografía de hoy, por parte de la fotoperiodista Elizabeth Ruiz originaria de Cancún es un bello retrato de nuestra sociedad ávida de salir de la casa, de dejar la torre de platos sucios por lavar, para llevar a los niños a que jueguen en el mar, la playa, con otros niños y dejen de estar pegados a la tele, el iPad y de nosotras.

Las anheladas vacaciones - cancun-vacaciones-lauragarza
Personas en playa de Cancún. Foto de elizabethfotocancun/Instagram

La realidad de la mayoría de los hogares mexicanos está en esta imagen. Las mujeres, las que más hemos batallado y acumulado el cansancio, la ansiedad, la fatiga y la preocupación como un cóctel emocional que nos tiene tumbadas.

Me incluyo.

Entonces no sé si reconocerme en la señora de atrás con la blusa blanca de rayas azules queriendo platicar con mis amigas, mientras mi hija juega a lo lejos; o con la mujer joven de blusa negra que va saliendo del agua a su lado derecho, un poco como si no tuviera nada de qué preocuparme.

Claro, pero finalmente me termino identificando con la mujer justo al centro de la imagen, sosteniendo a su hijo para que no se caiga con el movimiento del agua. Al final a las mamás, nos gana el compartirnos con los hijos y allí estamos, igual que en la casa, igual que en todo el año, juntos y pegados.

Tampoco digo que una siempre lo desee así, pero el instinto llama y también las ganas de estirarse como la mujer de su lado derecho, con blusa y shorts negros, que no sabe por qué Elizabeth les toma una foto, pero que nos regala su rostro entero de extrañeza y flojera total.

También quisiera ser ella, así como si perdiera el don de la ubicuidad y del tiempo con el agua del mar turquesa hasta las rodillas y el sol quemándome la piel.

Las fotografías también son extensiones de lo que aspiramos, al menos con los ojos con los que queramos verlas, pero siempre nos provocan algún tipo de emoción o efecto para atraer o repeler con el pensamiento.

Con tantos anhelos en una sola imagen, queda claro que todas y todos, grandes y chicos necesitamos un descanso, sobre todo mental ante la complejidad en la que vivimos, sin embargo, deberíamos también de tomar como advertencia una escena como esta, porque relajarnos de más, nos coloca más en el filo de un contagio, de la falta de camas en los hospitales o de un tanque de oxígeno.

Vale más seguir jugando con la imaginación a que se nos acabe el juego, por un par de semanas de calor y de unas vacaciones anheladas.

Foto: Instagram @Elizabethfotocancun