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Twitter: @mcamachoocampo

Si estuviéramos en un partido de beisbol, la derrota de Gerardo Esquivel en las elecciones para encabezar el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sería para López Obrador y su equipo el “strike three” en sus intentos por colocar a un mexicano al frente de un organismo internacional.

“Strike one”. En 2020 el gobierno mexicano propuso a Jesús Seade, su representante en las negociaciones del T-MEC, para dirigir la Organización Mundial de Comercio. Fue eliminado en la primera ronda junto con los aspirantes de Egipto y Moldavia.

“Strike two”. El segundo revés para el gobierno de la 4T en la búsqueda de colocar a uno de sus adeptos al frente de un organismo internacional se registró el pasado mes de septiembre, cuando naufragó la candidatura de Nadine Gasman para dirigir la Organización Panamericana de la Salud. De este episodio quedó para el recuerdo el “ridículo” de Hugo López-Gatell al pedir de manera cantinflesca un recuento de los votos “en beneficio de la transparencia”.

“Strike three”. Para dirigir el BID, el gobierno mexicano postuló originalmente a Alicia Bárcena; sin embargo, 10 días antes de la elección la diplomática pidió al presidente López Obrador retirar su candidatura. En su lugar México propuso de manera atropellada a Gerardo Esquivel, quien únicamente obtuvo dos de los sufragios, mientras que el aspirante brasileño, que salió victorioso, obtuvo el 80 por ciento.

Por si no fuera suficiente la derrota aplastante, la Secretaría de Hacienda emitió un comunicado, que de diplomático no tenía nada:

“Lamentamos que en las elecciones del BID continúe la política de más de lo mismo. Se eligió la propuesta del gobierno de Brasil, apoyada por el de Estados Unidos.

Agradecemos el apoyo que recibió nuestro candidato Gerardo Esquivel, por dos países de Latinoamérica”.

López Obrador pensó que el mundo es como el Congreso en México, donde tiene mayoría y, por ende, no se le cambia ni una coma a sus “propuestas-deseos-órdenes”. Se le olvida que para llevar una exitosa política internacional hay que tener muy presente la frase atribuida a Vicente Guerrero: “La patria es primero”.

Dicho de otra manera, los gobiernos a nivel internacional deben fomentar relaciones que beneficien los intereses del país y de sus ciudadanos, dejando a un lado cuestiones ideológicas o fobias personales, algo que no ha hecho el presidente mexicano.

Las tres derrotas a nivel diplomático se agregan a un rosario de malas decisiones a nivel internacional, baste recordar la exigencia de disculpas a España y El Vaticano por lo ocurrido durante la Conquista y la Colonia; o el no asistir a la Cumbre de las Américas porque no se invitó a Nicaragua, Cuba y Venezuela.

Poco a poco, de manera dolorosa (lo digo por las furiosas reacciones que ha tenido), López Obrador se ha dado cuenta de que no es el líder latinoamericano que pensaba, que se está quedando solo, y que para sus “amigos latinoamericanos”, la patria, la de ellos, es primero.

EL TINTERO
La alianza opositora para competir por la gubernatura mexiquense ya se está cocinando. Mientras los priistas piden actuar con toda la velocidad de la calma, los panistas quieren meter el acelerador.

Una pregunta para Delfina Gómez: ¿Acompañar al presidente López Obrador es su único mérito?

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