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Dice David Frum, en un multicitado artículo de The Atlantic (“Why Sheinbaum Can Surrender to Trump?”, 20/3/25), que la presidenta Sheinbaum puede ceder ante Trump porque hacerlo no tiene costo político para ella.

Su hegemonía parece suficiente para todo, justo en la medida en que la oposición y los medios no pueden pasarle una factura inmediata por su complacencia.

El poder alcanzado por Sheinbaum y su gobierno está creando un sistema político de partido único, un régimen “iliberal”, dice Frum, con excesivo cuidado de sus palabras, porque lo que está describiendo en realidad es un régimen dictatorial, cuyas reglas fundamentales están ya en la Constitución, reformada durante los primeros meses del gobierno de la presidenta Sheinbaum.

“Sheinbaum lidera una sociedad”, escribe Frum, “que está consolidando un Estado de partido único, con los medios sujetos a restricciones mayores cada vez y al control del gobierno”.

Muy diferente es el caso de Canadá, donde la vigorosa reacción contra Trump de Trudeau y su partido liberal los levantó del piso y los puso en la delantera de las encuestas. Mostrarse tibio le costó al partido conservador su delantera previa.

Eso no puede suceder en México, hagan lo que hagan la oposición y los medios, piensa Frum. Sheimbaum puede plegarse a la voluntad de Trump sin pagar un costo político.

Más aún: Trump quiere someter a su voluntad a Sheinbaum pero simpatiza de fondo con el régimen “iliberal” que Sheinbaum está implantando. Trump quisiera hacer algo parecido con la democracia estadunidense y da los mismos pasos que dio López Obrador.

“Conforme México sigue a Estados Unidos en su deriva iliberal”, escribe Frum, “el gobierno de México se ve sorprendentemente favorecido por el Washington de Trump, junto con Rusia, Arabia Saudita y El Salvador. Por el contrario, Canadá, antes aliado cercano de EU, queda en la lista de enemigos de Trump, junto con Ucrania, Dinamarca, Panamá y las democracias de Europa y el Sudeste Asiático”.

A Trump le gusta el proyecto autocrático de López Obrador y de la presidenta Sheinbaum. Atormenta a México con aranceles, pero aprecia como compañero de viaje su régimen “iliberal”.