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La visión de la Conquista como una hecatombe guerrera en la que triunfan los españoles, no como una red de alianzas indo-españolas en la que ganan también los indios, conduce a una visión maniquea de la Nueva España.

La Nueva España que se desprende de la visión colonizadora es la de una sociedad indígena oprimida de principio a fin por sus conquistadores. La Nueva España que surge de la narrativa de las alianzas indo-españolas como origen de la conquista ofrece la idea de la sociedad posterior a la conquista como una red de intercambios, como un lienzo complejo, negociado.

Con los siglos, la corona española echó sobre ese lienzo su impronta institucional, su fuego religioso, distintas formas de subordinación y explotación indígena.

Pero la misma corona produjo la más impresionante colección de leyes protectoras de los pueblos nativos, reconoció noblezas indígenas, entregó tierras, mercedes y fueros indígenas, tratando de reconocer y proteger aquel mundo como lo que era: un tejido complejo con el que era necesario convivir.

​José-Juan López Portillo ha leído un hilo muy fino, constitutivo del tejido nuevo, inmediatamente posterior a la Conquista. Es el hilo de la fragilidad de los vencedores. Y de su marca de ilegitimidad.

Vencida Tenochtitlan, los aliados de Cortés siguieron necesitando de él para resolver disputas y para evitar represalias de aquellos que habían sometido en la oleada española.

“A cambio del apoyo español”, dice López Portillo, “élites indias restablecieron el sistema tributario, de servicio militar o de mano de obra, que había regido al Imperio de los mexicas, pero ahora en beneficio de los españoles”. Por su parte, el rey español no confió en sus conquistadores, les negó “las grandes mercedes que ellos habían esperado, porque sospechaba de sus intenciones, de la legitimidad de su conquista y de sus capacidades para gobernar fielmente en su nombre”.

Los primeros ciudadanos de la Nueva España fueron desconfiables para la Corona: unos por indios, otros por aventureros. “El arreglo político” entre ambos, concluye López Portillo, “tuvo como eje la interdependencia característica de hombres de poder conscientes de su ilegitimidad” ( https://bit.ly/3d6Txju).

Alianzas, mezcla, interdependencia, ilegitimidad. Palabras fundadoras de la sociedad novohispana. Nos acompañan todavía.