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Papelazo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos al hacer suya una sectaria y ridícula recomendación de la CNDH de Rosario Piedra, avalando la patraña de que la septuagenaria indígena Ernestina Ascencio fue violada y asesinada por una partida militar y responsabilizando de su muerte al Estado mexicano.

El fallecimiento de la anciana fue explotado hasta el hartazgo para incriminar al calderonato.

Descocado, el fallo eleva a “verdad jurídica” una mentira construida sobre prejuicios ideológicos y una narrativa tan endeble que se desmorona con un mínimo ejercicio de lógica elemental.

Según su comunicado, la Corte “declaró a los Estados Unidos Mexicanos responsable internacionalmente por la violación sexual y graves lesiones perpetradas en el 2007 (6 de febrero) contra la señora (…), una mujer indígena náhuatl monolingüe de 73 años. Asimismo, estableció que el Estado incumplió su deber de brindar atención médica oportuna y adecuada. La Corte concluyó que la violación sexual y las graves lesiones, así como la falta de atención médica, causaron la muerte. Además, determinó que México incumplió el deber de investigar con debida diligencia reforzada estos hechos y garantizar el acceso a la justicia en condiciones de igualdad a los hijos e hijas de la señora…”.

El cuentazo sobre Ernestina Ascencio es tan demencial que no solo implicaría que en un batallón militar hubiese un violador y homicida de viejecitas, sino que sus compañeros habrían participado en el imaginario y tumultuoso delito convertidos, por arte de la propaganda, en una horda criminal. 

Procede recordar que, de la autopsia, los peritos —entre ellos médicos forenses militares— concluyeron que la causa del deceso fue un padecimiento de origen gástrico, sin rastros concluyentes de violación o de agresión sexual.

Los mismos especialistas reportaron a sus superiores y así fue como se informó el entonces presidente de la República, Felipe Calderón, primero en dar a conocer el motivo de la muerte.

En los medios pro López Obrador se criticó que el mandatario “se entrometiera” en un caso penal omitiendo lo esencial: Calderón era también comandante supremo de las fuerzas armadas y, a través del alto mando del Ejército, fue informado inmediatamente del resultado de la autopsia.

¿Qué interés habría tenido para encubrir a una banda de supuestos violadores y asesinos de indígenas seniles?

Es muy preocupante que, 18 años después, una instancia internacional de justicia, confiada en la facciosa CNDH de Rosario Piedra, decida ignorar lo que en 2007 informaron las autoridades que, con dictámenes médicos y señalando las inconsistencias de la perversa acusación original, documentaron lo falaz de las acusaciones a los militares.

La resolución de la Corte Interamericana es no solo errónea sino peligrosa, porque valida que la sospecha puede derrotar a la realidad y a la ciencia.

Convertir la tragedia en símbolo a partir de mentiras contumaces, lejos de honrar a la víctima y fortalecer los derechos humanos, los degrada…