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En un texto notable por su penetración y su claridad histórica, Jesús Silva-Herzog Márquez ha leído el “portazo” de Trump para México como un espejo que nos regresa al lugar donde no hemos querido estar: frente a nosotros mismos.

Escribe Silva-Herzog Márquez: “México ha sido la piñata fácil de la contienda norteamericana porque no ha hecho, desde hace tiempo, la tarea esencial. La mediocridad de nuestro desempeño económico, la disparidad de sus cargas y beneficios, el escándalo permanente de nuestra vida pública, la inseguridad bárbara de la última década nos convirtieron en el más redituable de los enemigos. El portazo del norte nos coloca, otra vez, frente a nosotros mismos” (Reforma, 21/11/2016).

Hemos girado contra el auge petrolero de la última década, hasta agotar su renta exorbitante, sin haber cambiado la naturaleza de nuestra industria.

Hemos descansado en el Nafta como zona de productividad y rendimiento, sin haber mejorado nuestra economía interna, de enormes ineficiencias.

Hemos apostado a la novedad de las elecciones competidas y los gobiernos democráticos, sin haber cambiado la naturaleza patrimonialista y predatoria de nuestras costumbres públicas.

Hemos repartido más dinero que nunca en la historia a gobiernos locales y dependencias públicas, sin que la inversión productiva haya crecido un ápice, a diferencia de las cuentas públicas del gasto corriente y de las cuentas privadas de políticos  y contratistas enriquecidos con diversas formas de desvío de los recursos públicos.

Hemos creado, pese a todo, en la parte de la economía que funciona, millones de empleos sin que haya mejorado el salario real ni se haya creado un mercado interno pujante, pues los bajos salarios no pueden producir altos consumos.

Durante décadas hemos exportado millones de trabajadores a Estados Unidos, sin haber creado una red de cuidado y protección de sus intereses en suelo americano.

Hemos ensangrentado nuestro país persiguiendo narcotraficantes y lo hemos degradado persiguiendo migrantes centroamericanos, para mantener nuestra cooperación con el vecino que ahora nos da el portazo.

El vuelco estadunidense, como dice Silva Herzog-Márquez, nos pone de pronto frente a nosotros mismos. Y resulta que ese nosotros es la verdadera zona de desastre del portazo de Trump.

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