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Sede del movimiento #YoSoy13, la muy combativa Universidad Iberoamericana (mejor conocida como La Ibero) tiene un gran caso para defender: una de sus estudiantes es encarcelada, perseguida y amenazada de muerte por expresar sus ideas.

Se llama Anamelys Ramos, estudiante de primer semestre del Doctorado en Antropología, sólo que lo hace en línea porque es cubana, vive en La Habana, y aún no ha podido viajar a México debido a los contratiempos provocados por la pandemia.

Anamelys es licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana, Cuba y es activista política en contra del gobierno cubano: ayer, por ejemplo, volvió a ser apresada por la Seguridad del Estado y la policía, porque leyó poemas en la calle con amigos.

Seguramente solo ese dato sirve para que sus compañeros de La Ibero levanten su voz solidaria. Pero si necesitan más, pueden saber que las recientes desgracias de Anamelys comenzaron el 10 de octubre pasado.

Un grupo de ciudadanos organizados por la policía política le impidió salir de su casa e irrumpió violentamente en el interior, para impedirle que participara en una protesta pacífica contra el acoso policial y político a artistas, activistas y periodistas.

Otro día tuvo suerte y pudo salir de su casa. Sin embargo, la persiguieron en carros patrulleros por todo el barrio de Centro Habana con las sirenas activadas y policías la tiraron al suelo, la golpearon y la subieron a un vehículo.

En otra ocasión, fue detenida y conducida a una estación policiaca, sin orden judicial alguna y, antes de ser liberada, un oficial le dijo que estuviera feliz porque, por esa vez, le “habían perdonado la vida”.

Siempre acosada, otro día fue sometida a un interrogatorio por un teniente coronel instructor penal, quien le dijo llamarse Vladimir, y le aseguró contar con todos los elementos para someterla a juicio por alterar el orden de La Habana.

“Yo soy tu dueño”, le dijo el militar a la estudiante de Doctorado en la Ibero de la CDMX, que además es profesora e investigadora, curadora de artes visuales y crítica de arte; con un diplomado en humanismo y sociedad por Universidad Alberto Hurtado, Chile.

El teniente coronel le dijo que ella es una vergüenza para su familia, una mercenaria, una zoqueta y que políticamente ella es del tamaño de una mosca, que debía estar feliz porque le perdonaba la vida.

Ayer, fue detenida otra vez, junto con otros activistas del mundo artístico, por leer poemas en la calle. Pero desde el jueves la encarcelan y detienen de manera intermitente, con cualquier pretexto.

Ya se lo dijo el instructor penal:

“Yo soy tu dueño, y a ti lo único que te toca es obedecer”.