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Hace unos días escribía que ser fotógrafo es buscar siempre la oportunidad de capturar lo que pareciera no tener sentido, lo que no es interesante para muchos, los que no ven ningún tipo de estética o interés en lo que sucede alrededor.

"Esta es mi casa" - esta-es-mi-casa-laura-garza
Foto de Tarek Moukaddem para Instagram

Eso es lo que nos diferencia con el resto de las profesiones, sobre todo con las que no son visuales o no les gusta ver más allá de lo que se pone frente a sus ojos.

Ver para encontrar historias por contar, o para crearlas a partir de lo que hay. Una ventana, un balcón, un edificio destruido por las explosiones en el puerto de Beirut en Líbano que todos pudimos ser testigo gracias a los múltiples videos de distintos ángulos que se viralizaron en segundos por internet.

Se ha llegado a comparar la explosión nuclear (2 mil 750 toneladas de nitrato de amonio) con la bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki, aunque muchos especialistas han expresado que la explosión que vivieron el pasado martes es equivalente a un 10 por ciento de la magnitud de la bomba de Hiroshima.

Han trascendido los videos del interior de departamentos, de niños siendo cuidados por sus niñeras o nanas, de una mujer que estaba siendo fotografiada con su vestido de novia, de la señora que decide tocar en piano la canción de despedida de Líbano mientras a su alrededor los vidrios rotos abundan por el piso, las cortinas tiradas y los muebles revueltos.

Personas caminando con heridas graves en el rostro y en los brazos, otros que caminan con tanta sangre en sus cuerpos que no se alcanzan a distinguir las heridas. En fin, usted seguramente lo ha visto todo al igual que yo.

Hoy rescato esta fotografía del artista visual Tarek Moukaddem originario de Líbano y quien se encontraba en ese momento en Beirut.

Vemos a una señora de quizá entre 80 y 90 años recargada en el barandal de lo que suponemos es su balcón, con un oscuro fondo en donde no vemos más que una cortina chueca, la ausencia de ventanas, y el resto del edificio en deterioro total.

De acuerdo a la descripción de la imagen, los bomberos intentaron varias veces de bajarla y sacarla de su edificio, sobre todo por el riesgo de que su edificio colapse en cualquier momento, a lo que ella se negó por completo.

“Tratamos de bajarla, pero se ha negado a dejar su casa”, diciendo en francés Je suis bien chez moi, es decir, “esta es mi casa”.

Quienes nos hemos formado con el fotoperiodismo, sabemos bien que cuando pensamos en el instante decisivo, a veces creemos que tiene que ser sumamente llamativo para los ojos de todos, o que lo decisivo debe de ser entre la vida y la muerte para que suene atractivo, pero no es así.

El fotógrafo autor de esta imagen, quien se dedica más a los retratos editoriales y de moda, supo mirar más allá del caos, del terror y del daño terrible a su ciudad. Miró más allá y encontró a la señora allí, sin ningún tipo de temor, más que la seguridad de estar en su casa.

Como una vigilante de su historia, como quien custodia su castillo de cualquier depredador, o de quien sabiendo que ha vivido todo, y no le hace falta mucho, prefiere mantenerse desde su trinchera viendo la desesperación de quienes no han vivido nada como lo de ayer.

Su fortaleza es la que sostiene ese balcón, no la estructura del edificio.

Es ella la que aguarda con esa robustez aún sabiendo que no tiene ventana que la proteja, y que incluso no tiene ni la energía suficiente para ordenar los muebles caídos y los vidrios en añicos en el piso.

En estos casos, donde la catástrofe se encuentra en tus propias calles, en los edificios de alrededor y son tan tuyos que te lastima verlos así, es cuando los fotógrafos debemos capturar lo que en ese momento, nadie tiene ojos para ver.

Las historias que se vuelven cercanas, las miradas de angustia, de resistencia y de dolor. Como lo decía en un principio, estando en esta coyuntura, lo que queda es capturar lo que pareciera no tener sentido para muchos, porque en la oportunidad, está la historia que solo nosotros podemos contar.

Por Laura Garza