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Reza para que en la nueva encomienda que le otorgó el Primer Mandatario del país, su tocayo Enrique Peña Nieto: la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional, no se le haga bolas el engrudo de la política y enseñe el verdor de la tecnocracia.

Reza para que no le queden grandes los zapatos de Manlio Fabio Beltrones, político-político, que por cierto, no ha manifestado su beneplácito por la nueva nominación.

Reza para que la militancia de la entelequia llamada PRI lo reconozca como jerarca. Por ahí anda el exgobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz -paradigma del priista depredador-, protestando por el nombramiento de Ochoa. Por supuesto que le va a tener que bajar de intensidad a la protesta y aceptar sumisamente la designación si es que no quiere que la politización de la justicia que reina en las altas esferas gubernamentales fije su atención en su persona y en las denuncias penales que hay en su contra en la Procuraduría General de Justicia del estado (PGJE) por presuntos delitos de enriquecimiento ilícito y peculado a nivel de escándalo.

Enrique Ochoa, reza para poder operar con éxito las elecciones del 2017 donde se renovarán tres gubernaturas: Nayarit, Coahuila y el Estado de México, siendo esta última la que por ningún motivo debe descuidar ya que se trata del más importante enclave priista del país, donde van a querer meter mano en la sucesión además del actual gobernador Eruviel Ávila, el preciso Peña Nieto y su pariente Arturo Montiel (el derecho a elegir gobernador es de las ratas o algo parecido decía un viejo anuncio).

Reza para que se componga la economía y con ella suban los bonos de popularidad del líder del grupo político al que pertenece, Luis Videgaray Caso, para que sea considerado en la sucesión del 2018. Reza para manejar la campaña de su gran amigo Luis a quien llevará a Los Pinos. Aunque, tal vez, pensando con mayor realismo, reza para que llegue quien llegue a él lo dejen en el puesto y con la ayuda de los medios de comunicación, el auxilio de Monex, el apoyo de Soriana, el socorro del dinero a cambio del voto, el apoyo de las despensas y la subvención del frijol con gorgojo, el PRI gane la grande en el 2018 porque de lo contrario tendrá que bajarle al switch de la política.

Modernismo a la antigua

En términos priistas un presidenciable es, por lo general, un miembro del gabinete del presidente en turno, que aspira a ser y suena como probable sucesor de su actual jefe. Aunque uno solo es el ungido por el Gran Dedo, son varios los pretensos que se creen con derecho a ser tomados en cuenta para la honrosísima distinción. Se acostumbra que sean mencionados en los medios de comunicación, sobre todo escritos, y en el ambiente de la política tres o cuatro probables presidenciables. Los demás miembros del gabinete que se saben sin ninguna oportunidad para tal distinción, se afilian a uno de los posibles y con él se la juegan. Tal vez por ésta razón el doctor 
José Álvarez Amézquita, secretario de Salubridad y Asistencia del presidente Adolfo López Mateos, dijo que la sucesión presidencial es una borrachera de seis años cuya cruda dura el resto de la vida.

La anécdota surgió de mis recuerdos antes de contarles que en una columna del periódico El Universal, de cuyo nombre y autor no me acuerdo, leí, pasadas las elecciones del 5 de junio, que sonó el teléfono en la oficina de uno de los presidenciables. Éste contestó, el columnista no dijo quién estaba al otro lado de la línea, lo que si aseguró es que el aspirante dijo algo parecido a esto: ¿qué te pareció? Ahora si acabamos con el mito del beltronismo.

En efecto, el experimentado Manlio Fabio Beltrones, quien, tal vez, no pueda evitar ver a los muchachos del gabinete de Peña Nieto como un grupo de párvulos de la política, había prometido que bajo su batuta el PRI ganaría, el pasado 5 de junio, 9 de 12 gubernaturas. Se puso muy alta la vara y para satisfacción de los escolapios del gabinete, sólo alcanzó a ganar cinco lo que se consideró un fracaso. De ahí su renuncia que vino acompañada de un discurso donde le dio un ligero raspón al gobierno: “Es oportuno parafrasear a Luis Donaldo Colosio: ‘Lo que los gobiernos hacen, sus partidos lo resienten’”.

Tras la renuncia de Manlio, dos cosa quedaron claras: elegir a un dirigente moderno y la necesidad de actualizar al partido tricolor, hacerlo de vanguardia. Para lograrlo, paradójicamente, el partido recurre a una de sus más rancias tradiciones: El dedo del presidente de la República —verdadero jerarca del partido— designa a un solo candidato para presidir el Comité Ejecutivo Nacional: Enrique Ochoa Reza. La CTM es la primera en apoyarlo. La CNOP la secunda y ya está: la cargada en pleno. Como en los viejos buenos tiempos.

Total el partido de vanguardia escoge a su dirigente nacional al más puro estilo de los viejos dinosaurios.

Al parecer ni el presidente Peña ni sus asesores, ni sus secretarios, nadie, entiende la realidad política del país. ¿Qué les costaba un ejercicio democrático? ¿Un enfrentamiento entre dos elegidos del preciso que le dieran una barnizada de democracia al Revolucionario Institucional?

Ni modo, está en su ADN, el PRI huele a naftalina.

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