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Es muy importante no poner todos los huevos en una sola canasta”, dice el presidente López Obrador, a sabiendas de que su apuesta energética está solo en una, la de los combustibles fósiles.

La insistencia en impulsar la explotación y depender de petróleo, carbón y gas mantendrá y agravará las condiciones que alejarán cada vez más la posibilidad de que México salga del subdesarrollo.

En Baja California, el mandatario aventuró una variante relativa, poco novedosa y carente de viabilidad: reconvertir las plantas de la Comisión Federal de Electricidad para que, en vez de quemar diésel, carbón o combustóleo, se alimenten de gas… que el país no tiene.

Los apagones derivados de la suspensión del suministro de gas natural desde Texas, dijo, dejan el aprendizaje de que no conviene apostar a un solo tipo de combustible: “Es muy importante recoger las lecciones que nos dejan estas crisis. Primero, que es indispensable la rectoría del Estado. ¿Por qué le cuesta más trabajo a Texas resolver el problema? Porque está muy pulverizado el mando; no hay control porque tienen inclusive mucho más fuerza las empresas particulares que el Estado”.

Sobre esa discutible premisa, resaltó la importancia de “no poner todos los huevos en una sola canasta ¿Por qué salimos nosotros? Porque tenemos varias fuentes para generar energía, es un abanico. ¡Cómo nos ayudaron en esta crisis las hidroeléctricas!, que también las habían dejado en el abandono, estaban subutilizadas…”.

Ajá. ¿Y por qué tuvo que ocurrir la crisis de gas para que a dos años de su mandato se les aprovecharan?

Le faltó acotar que también se pusieron a operar todas las que utilizan derivados del petróleo y carbón y que, después de la reapertura texana de las exportaciones, México volvió a comprar el gas que se necesita, por cierto, al precio más bajo que hay en el mundo.

¿De dónde va a obtenerse el gas en las plantas que serán reconvertidas? Pues de Texas, porque no existe ningún proyecto que valga la pena para suplir lo que hoy se satisface con la importación.

En cualquiera de los dos casos, ni las canastas de diésel, carbón y combustóleo, por una parte, ni las de gas, resuelven el problema que hoy por hoy se capotea con el concurso tanto de las instalaciones generadoras de la CFE, incluida la nuclear de Laguna Verde, y con casi otro tanto de energías limpias (hidráulicas, solares y de viento), generadas por empresas privadas nacionales y extranjeras.

La idea de fortalecer a la CFE a costa de violar la Constitución y frenar el desarrollo privado de nuevas fuentes de energía pudiera no admitir discusión si en lugar de reducir la ilusoria solución a la reconversión de plantas vetustas lo que se anunciara fuera un ambicioso plan de construcción de nuevas instalaciones para la generación eólica y solar de electricidad en todo el territorio, así como dos o tres plantas nucleares, respetando las privadas y garantizando la libre competencia.

Se requiere variedad, pero de canastas.