El primer ministro Benjamín Netanyahu sostuvo que la operación durará “lo que haga falta” para eliminar lo que considera una amenaza existencial
Ocho meses después del último enfrentamiento directo, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva conjunta y de gran escala contra Irán, en una operación sin precedentes cuyo objetivo explícito es provocar un cambio de régimen.
La primera oleada de bombardeos tuvo como blancos a la cúpula del poder iraní, incluidos el líder supremo, Ali Jamenei, y el presidente Masoud Pezeshkian. El presidente Donald Trump calificó la operación como «masiva», prometió la destrucción del programa nuclear y de misiles iraní, e instó a la población a «tomar el poder» una vez finalizados los ataques. Irán quedó parcialmente incomunicado y, pocas horas después, inició represalias con misiles y drones contra Israel y contra bases estadounidenses en la región.
Las explosiones se extendieron más allá de Israel e Irán, alcanzando instalaciones en Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, lo que provocó el cierre de espacios aéreos y la declaración de estados de emergencia. En Israel, las sirenas antiaéreas se activaron de forma intermitente mientras el sistema de defensa interceptaba proyectiles iraníes. Teherán, por su parte, prometió una respuesta «decisiva» y aseguró estar preparada tanto para la negociación como para la guerra.
Testigos en la capital iraní reportaron columnas de humo en zonas sensibles vinculadas a instalaciones militares y nucleares.
El trasfondo de la ofensiva combina décadas de enemistad, una escalada de enfrentamientos desde 2024 y la convicción de Tel Aviv de que el régimen iraní atraviesa un momento de debilidad interna y regional.
El primer ministro Benjamín Netanyahu sostuvo que la operación durará «lo que haga falta» para eliminar lo que considera una amenaza existencial. La campaña, coordinada estrechamente con Washington y precedida por un despliegue militar inusual —incluidos cazas estadounidenses de última generación—, abre un escenario de guerra abierta con consecuencias imprevisibles para el equilibrio estratégico de Oriente Próximo.
