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Dice el ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, hermano del gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, y candidato a diputado local por el Partido Joven, que Rubén le robó la elección.

Como prueba, Humberto aporta este dicho: su amigo El Tato llevó a 18 “familiares” a votar por Humberto en una casilla y en esa casilla salió solo un voto por el Partido Joven. Otro amigo, Pancho Colonias, llevó a 80 “familiares” a votar por Humberto a otra casilla y a la hora del conteo solo había otro voto para el Partido Joven.

El Partido Joven no pudo alcanzar los votos suficientes para tener diputados plurinominales en el Congreso local, lo cual le quitó a Humberto la diputación y el fuero. Todo esto lo he leído en la columna del documentado Gil Gamés: “A gritos” (Milenio, 6/7/2017).

Hay este y otros indicios de que las elecciones de Coahuila rebasaron todos los límites en materia de manipulación y fraude.

No solo hicieron todas las trampas conocidas de la famosa “operación electoral”, sino que inventaron algunas, como multiplicar los membretes contendientes al punto de hacer imposible la tarea de los funcionarios de casilla de contar y consignar los votos, pues había más de 100 opciones de alianzas locales posibles, y la misma cantidad de votos cruzados que contar y consignar en las actas de resultados.

El escándalo mayor de Coahuila, sin embargo, es que pueda haberse llegado a la sustracción directa de votos en las urnas, con la complicidad de la autoridad electoral local.

La denuncia de Humberto Moreira es que el gobierno de su hermano Rubén pudo intervenir las urnas y cambiar a mano los votos, como se hacía en los tiempos clásicos del PRI. Un auténtico salto al pasado.

La denuncia de Humberto contra Rubén es  como una lectura de la mano entre gitanos:  un espejo de trampas que los dos conocen. De ahí su fuerza de verdad.

Humberto sabe de cierto que llevó a 18 y a 80 “familiares” a votar por él, porque sabe que él los indujo o los compró, y sabe de cierto que se los desaparecieron. Es decir, que los votos fueron depositados y luego sustraídos.

Ese “luego” significaría que el gobierno de Coahuila hizo un fraude a la antigüita, cambiando los resultados a la hora de contar los votos emitidos.

El fraude de Coahuila puede haber regresado la democracia mexicana a los tiempos del más antiguo PRI.

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