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La imaginación reformista de la clase política que confluyó al Pacto por México parece agotada. Pero en la lista de agravios y hartazgos de la sociedad civil mexicana, y de su opinión pública, hay toques de una nueva agenda de futuro.

Por ejemplo, en mi falible recuento, los siguientes:

1. La aparición de las candidaturas independientes, cuyo pionero, Jorge Castañeda, ha propuesto ya una “agenda ciudadana” en Nexos y prepara una versión más acabada para principios de 2016.

2. Las penetrantes propuestas de transparencia patrimonial hechas por el Instituto Mexicano de la Competitividad, bajo Juan Felipe Pardinas y los estudios sobre corrupción de María Amparo Casar, asociados a ese mismo instituto, así como de Luis Carlos Ugalde, y su firma consultora, Integralia.

3. Las aportaciones al tema de la rendición de cuentas que ha hecho el capítulo mexicano de Transparencia, de la mano incesante de Federico Reyes Heroles, así como los seguimientos de resultados de México cómo vamos.

4. Los combates del gobierno de la Ciudad de México por la liberación del salario mínimo y de académicos públicos como Gerardo Esquivel en torno al más antiguo problema de México: la desigualdad.

5. La diversidad de estudios de políticas públicas salidas de instituciones académicas como el CIDE, el Imco, el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

6. Las críticas a las consecuencias no buscadas de nuestro diseño democrático hechas por José Woldenberg, Luis Carlos Ugalde, Jesús Silva-Herzog Márquez.

7. Los veredictos de la Suprema Corte en defensa sistemática de los derechos humanos, entre ellas su reciente sentencia sobre la mariguana, que reconoce el valor de diagnósticos de organizaciones de la sociedad civil como México Unido contra la Delincuencia, y de colectivos médicos, como el coordinado por Juan Ramón de la Fuente, que ha puesto la mariguana en otro nivel de conocimiento público.

Si ponemos junto todo esto, y lo que injustamente se me olvida, ¿qué da? ¿Hay espacio para imaginar  una nueva agenda de futuro? Creo que sí.

Dedicaré este espacio en los siguientes días a enunciar algunos de los temas de esa agenda, empezando mañana con el más socorrido y el menos asible de ellos, que es la necesidad de un “verdadero estado de derecho”.

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