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Uno de los pozos sin fondo de la “guerra contra las drogas” de Felipe Calderón, fue que nunca pudo decir cuándo iba a dar por terminada su guerra.

Recuerdo las columnas de Ciro Gómez Leyva en MILENIO preguntando cuántos muertos faltaban para que terminara la guerra.

Nadie pudo poner esa cifra ni delinear las condiciones aceptables de una declaratoria de fin de la guerra, es decir: una suspensión de los operativos del Ejército y de la militarización de la seguridad. En eso seguimos.

Creo que Calderón no supo nunca con claridad de qué tamaño era su guerra (nosotros tampoco) ni con qué indicador o bajo qué condiciones podría darla por terminada y cantar victoria.

Algo parecido empieza a sucederle al presidente López Obrador con su declaración de “guerra al huachicol”.

Volvió su “guerra” una explicación del desabasto que sufre el país. Preso en sus palabras, no puede dar por terminado el desabasto sin antes mostrar que ha derrotado a los huachicoleros.

Sabemos ahora que el desabasto de gasolinas no viene de los huachicoleros, sino de la falta de previsión y de las compras insuficientes de gasolinas en las semanas finales del gobierno anterior y en las primeras de este.

Pero la explicación del Presidente es que el desabasto lo producen los huachicoleros, que mantienen con el nuevo gobierno una especie de guerra de resistencia: a ver quién se cansa primero, como dice el Presidente.

Creo que la premisa del Presidente es falsa y comprometedora. No le deja otro camino que seguir esgrimiendo esa razón para seguir explicando el desabasto, al tiempo que se presenta como un gobierno dispuesto a combatir, al precio que sea, al huachicol que debe combatir.

En esto también recuerda al presidente Calderón.

Lo sensato, entonces como ahora, sería fijar los límites de la batalla, establecer criterios convincentes del momento en que debe suspenderse el esfuerzo de la guerra y declararla ganada.

Un indicador de victoria del presidente López Obrador sería restablecer la normalidad del abasto de gasolina para todo el país.

Para eso, creo, no haría falta sino abrir los ductos que ordenó cerrar.