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Así como la peste negra o bubónica (1347-1353) no precipitó el fin de la Edad Media (siglos V al XV) ni el inicio del Renacimiento (XV y XVI), la (femenino porque es una enfermedad) de covid-19 no tiene algo que ver, ni remotamente, con el neoliberalismo. Y menos aún determina su continuidad o su colapso.

De hecho, ninguna de las pestes en la historia modificó un ápice los sistemas económico-políticos de las naciones (como tampoco éstos han sido causa del surgimiento y expansión local o internacional de virus o bacterias).

En todo caso, la velocidad con que se propaga el nuevo padecimiento en el mundo se explica por algo que, independientemente de los regímenes ideológicos imperantes, nada ni nadie frenará y se llama globalización (que en realidad comenzó con los remotos emigrantes de África).

La peste negra mató a la mitad de la población europea (unas 25 millones de personas). La gripe española (1918-1920) provocó alrededor de 50 millones de muertes (por cierto, se originó en Francia, donde se ocultó para no desalentar a la población, pero España fue la primera en informar lo que pasaba). En 1957 cundió la gripe asiática (coctel de influenza humana y de patos salvajes), que produjo un millón de fallecimientos. La gripe de Hong Kong (1968-1969) no alcanzó el grado de pandemia y fue provocada por la mezcla de un virus aviar y resfriado humano. Causó 40 mil decesos. A partir de 1980, el VIH-sida ha cobrado más de 25 millones de vidas. El síndrome de las vacas locas (1990) tampoco se volvió pandemia y acabó con solo 150 personas. Por la viruela, un mal que fue recurrente durante centenares de años y según la Organización Mundial de la Salud ha sido erradicado, murieron incuantificables millones de personas (incluidas las contagiadas por europeos en la América prehispánica). El cólera surgió en el siglo XIX y solo en Francia mató a unos 20 mil. Ha sido prácticamente erradicada en los países avanzados pero no en Latinoamérica ni África. La gripe aviar (2003) acabó en Corea con 250 personas, pero la influenza AH1N1 (2009), de origen porcino, fue tan mundial como la covid-19, aunque su letalidad la estimó la OMS entre casi 152 mil y poco menos de 600 mil personas.

El breviario es a propósito de una desafortunada afirmación, el sábado, del presidente Andrés Manuel López Obrador: “Vamos bien. Estamos enfrentando las consecuencias del derrumbe de la economía mundial, porque el coronavirus precipitó la caída del modelo económico neoliberal. No fue la pandemia lo que tiró la economía, lo cierto es que ya la economía neoliberal estaba en crisis, estaba mal. Lo que hizo la pandemia fue acelerar, precipitar el derrumbe económico…”.En regímenes tiránicos, autocráticos y aun dizque “comunistas” pero “infectados” de neoliberalismo (Venezuela, Tailandia, China, Marruecos, Chad, Vietnam, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Uzbekistán y hasta Corea del Norte), la pandemia podrá modificar usos y costumbres sociales pero no, sin duda alguna, el libre mercado.