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Con la firma del irreprochable Guillermo Sheridan y la exhibición de contenidos idénticos en dos tesis universitarias, la revelación de que Yasmín Esquivel se graduó de abogada copiando una tesis ajena tuvo la solidez de un peritaje forense.

Pese a lo innegable de que sobre una marrullería trepó en el servicio público hasta convertirse en ministra de la Suprema Corte, la señora sigue aferrada al cargo que por poquito usa de trampolín para convertirse en presidenta del Poder Judicial de la Federación.

Impulsada por el presidente López Obrador, quien insiste en culpar a imaginarios adversarios (“corrupto” le ha dicho a Sheridan), la falsaria debió admitir su embuste desde el principio y no patalear con el cuento de que la plagiada fue ella.

Su falta de pudor coloca al máximo tribunal y a la UNAM en un predicamento: al primero porque le resta credibilidad y honorabilidad en sus resoluciones, y a la segunda por condenarla a quedar como el cohetero:

-De retirarle o desconocer el título profesional, AMLO diría que fue porque su protegida simpatiza con la transformación que él encabeza.

-Pero si, como argumentó el rector Enrique Graue, “la normatividad universitaria carece de los mecanismos para invalidar un título expedido por la UNAM, aún y cuando el plagio de una tesis esté documentado”, y por tanto la conclusión se turnará a la Secretaría federal de Educación “para los fines a que haya lugar”, el problema es entonces del gobierno.

¿Cuántos ataques ha resentido la UNAM desde el poder de los poderes con la calumnia de que “se volvió neoliberal” o “se derechizó”?

Eso explica la colérica reacción de López Obrador al decir ayer que “todo este asunto” está “muy vinculado a la politiquería, porque ¿de cuándo acá les importa tanto la ética a quienes se han dedicado a robar? (…). Lo mejor es que la UNAM diga si es o no válido el título (…). Quiere que seamos nosotros los que decidamos, pero no hay ningún problema, lo vamos a analizar. De lo que no tengo duda es que el conservadurismo, que tienen como característica la hipocresía porque son muy corruptos, ahora enarbolan la bandera de la ética (…). Si ahora ya le pasaron la responsabilidad a la SEP, la pregunta es: ¿no pudo la UNAM resolver? (…). Lo que están diciendo es: ‘hubo plagio y no nos toca a nosotros sancionar, sino a la SEP’. Como Poncio Pilatos, el rector se lavó las manos, pero claro que está metido, ¿no?, hablando en plata, porque ya basta de simulación y de hipocresías, ¿no…?”.

Ya va siendo tarde para que la señora, por elemental pudor, se vaya de la Corte. Si no renunciando, solicitando licencia por tiempo indefinido.

Ni siquiera tendría que admitir haber estado consciente de su trampa. Que apele a la conmiseración y aproveche la cita “quien esté libre de culpa que arroje la primera piedra” que le dedicó AMLO a su indefendible caso.

Podría argüir que plagió por inmadurez o ignorancia, que confió en una venal directora y sinodal de tesis, o que el suyo fue un tolerable “pecado de juventud…”.