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El presidente López Obrador aprovechó ayer la conferencia que él y sus invitados ofrecieron ante medios de tres naciones para echarse virtualmente y a punto del anochecer una de sus mañaneras.

La periodista Sara Pablo, de Radio Fórmula, en digna representación de la prensa mexicana, le había preguntado sobre la construcción del centro para migrantes anunciado por la Casa Blanca, y a los tres gobernantes lo que esperan ocurrirá con el fentanilo (que ha provocado más de 100 mil muertes en EU) después de la reaprehensión de Ovidio Guzmán.

También quiso indagar lo que hablaron sobre la generación de energía que, por la conducta de México y de cara al T-MEC, tanto preocupa a los inversionistas estadunidenses y canadienses.

Aunque lo programado acusaba retrasos, AMLO ocupó casi media hora para negar que se vaya a construir algo para los 30 mil indocumentados al mes, de Nicaragua, Cuba, Venezuela y Haití, que expulse Estados Unidos y para repetir que ya no hay corrupción, que se acabó la impunidad, que no existen lazos entre autoridades y crimen organizado (según EU, el crimen controla 30 por ciento del territorio); que la violencia ha disminuido, y que 30 de las 35 millones de familias mexicanas reciben alguno de sus apoyos sociales.

Caballeroso con su anfitrión, Biden omitió comentar que nicaragüenses, venezolanos y cubanos huyen de regímenes dictatoriales que AMLO considera ejemplares “hermanos”.

En su disertación, López Obrador afirmó que “con todos los apoyos al bienestar, son menos los mexicanos que dejan el país” (en promedio mensual fueron 59 mil en 2021 y 72 mil en 2022 los que huyeron de regiones asoladas por la narcoviolencia en Guerrero, Michoacán, Veracruz, Morelos, Tamaulipas o Zacatecas, entre otras entidades, queriendo cruzar la frontera). Según él, “estos programas ayudan a que la gente se quede en sus comunidades”.

Los mensajes de los tres fueron evidentemente formales, políticos, cordiales y dirigidos a sus respectivas audiencias.

No se puede negar, sin embargo, que la cumbre le salió muy bien al presidente mexicano, a pesar de que la logística de seguridad tuviera hilarantes fallas (jamás las hubo cuando trabajaban el desaparecido Estado Mayor y las Guardias Presidenciales), como la del cantinflesco impedimento para que “el canadiense” (como quiso identificar a Justin Trudeau un motociclista) llegara sin tropiezos a su hotel de Polanco.

Incuestionable reconocimiento de AMLO a Joe Biden:

“Usted es el presidente de Estados Unidos en mucho tiempo que no ha construido ni un metro del muro y eso se lo agradecemos”.

También fue de encomiarse el agradecimiento de Biden a López Obrador por aceptar acoger a los migrantes que no cumplan los requisitos de entrada a Estados Unidos.

Por último, AMLO no exageró al llamar “histórica” la sola oportunidad de que los tres mandatarios dialogaran.

Después de todo, aunque desde luego no por intereses personales, son socios comerciales…
https://www.milenio.com/opinion/carlos-marin/el-asalto-la-razon/una-mananera-por-la-tarde