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Pero lo que no han podido mandar al archivo de la memoria de los mexicanos es que Pío López Obrador se guardó aquellas bolsas de dinero que su hermano, el presidente de la República, dijo que eran para Morena, y un tribunal constitucional a la medida, lo absolvió de lo que, en los hechos, era inabsolvible
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El rabioso antimonrealismo en Morena tiene su más insana, pedestre y sañosa expresión en la silvestre machuchona de Campeche, Layda Sansores. Y como infección.

Pariente político vuelto lejano del presidente López Obrador (quien se define “hermano” de sus tres corcholatas), viene capoteando calumnias y ofensas de sus más extremistas y menos educados correligionarios desde que la oposición ganó en 2021 nueve de las 16 alcaldías de la capital, triunfo del que Claudia Sheinbaum, la poderosa y presidenciable jefa de Gobierno, culpó a Ricardo Monreal en vez de admitir que su irresponsable partido, por andar en la baba del triunfalismo, no tuvo la inteligencia de ver venir.

Vulnerable como todos los políticos, el senador acaba de sortear los abucheos de una turba manipulada por el hijo porril de un funcionario del gobierno federal, Abraham Mendoza Zenteno, quien tiene a su cargo el reparto de dádivas a pobres en el estado de Hidalgo como delegado de los Programas para el Bienestar.

Los ataques en su contra son prácticamente los mismos dirigidos a quienes han defendido la Constitución —Monreal es profesor de Derecho— y asediadas entidades autónomas tan respetables como la Universidad Nacional Autónoma de México (en la que el miope cuatroteísmo dice ver un santuario neoliberal).

“Soy universitario antes que político”, llegó a decir Monreal ante la descocada embestida contra esa y otras instituciones de enseñanza superior.

Menos tolerable está resultando Monreal para el sector más fanatizado de Morena por su oportuna advertencia de que cualquier cambio a las reglas y las instituciones electorales no serían aprobadas en el Senado (la iniciativa presidencial abortó ayer en la Cámara de Diputados) a menos de que se respetara la Constitución.

Para mayor irritación de sus ingratos ex contlapaches, el denostado coordinador de la bancada senatorial de su partido recurrió a la historia nacional que tanto gusta invocar el Presidente de la República, a fin de reforzar un ingente llamado a la reconciliación social, a cuatro años de que se incita al encono desde Palacio: De manera por demás inteligente, se apoyó en el irreprochable libertador Vicente Guerrero para recordar que a su padre realista no solo le dijo que “la patria es primero”, sino que a los independentistas que lo acusaban de “traidor” por abrazarse con Agustín de Iturbide y entre ambos caudillos haber consumado la emancipación con el Plan de Iguala, dijo también la frase: “Sin reconciliación no hay nación”.

Eso les arde a los morenistas que se afanan en actos anticipados de campaña a favor de Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López.

Los odios entre mexicanos explican la descomposición pública en que México se debatió al término de las guerras de Independencia, Reforma y Revolución. Limón en la herida: a la cita de Guerrero hizo Monreal un punzante, irritante añadido: “Sin reconciliación no hay transformación ni nación…”.