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Calumniar, insultar, mentir, descalificar y dividir parecen conformar el verdadero y principal objetivo de Andrés Manuel López Obrador, por encima de sus programas sociales y obras emblemáticas. 

Desde hace 23 años, como gobernante de la capital, dejaba de a seis a sus correligionarios y a políticos de otras tendencias (como si acabaran de enterarse de que el universo se expande) cuando les decía que las elecciones presidenciales ya no serían entre partidos, sino “entre liberales y conservadores”. 

Imagina al México de hoy como el del remoto y polvoriento siglo XIX. 

En el otoño del sexenio su discurso se exacerba de manera proporcional al fracaso de su gestión en los frentes clave de la cosa pública, al grado de que ayer, por falta de información fidedigna, se lanzó contra su virtual padre político, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. 

La negación de matices en su reduccionismo ideológico le hace concebir la vida en blanco y negro, lo que se repercute en la brillante reflexión del constitucionalista Diego Valadés: 

“El deterioro institucional y social de México se acelera; la ética pública está en crisis: la incertidumbre impera; el déficit de gobernabilidad aumenta. Los mexicanos padecemos arbitrariedad en el ejercicio del poder, discrecionalidad en la aplicación de los recursos públicos, manipulación de la verdad, carencia de servicios, uso político de la pobreza y violencia impune…”. 

La víspera de su gratuito ataque a Cárdenas, AMLO llamó “farsante” al consejero presidente del INE (la institución civil autónoma que más respeta la ciudadanía), pero Lorenzo Córdova tuvo la filosa decencia de reiterarle su respeto citando una de sus machaconas frases: “No somos iguales”. 

Tampoco cesa en sus ataques al Poder Judicial federal, afirmando que los ministros de la Suprema Corte de Justicia “están violando la Constitución”. 

Respecto al fundador (junto con Porfirio Muñoz Ledo) de la Corriente Democrática, el Frente Democrático Nacional y el Partido de la Revolución Democrática, quien impulsó como nadie su carrera política, el Presidente dijo que el ingeniero está en “una especie de ala moderada del bloque conservador, como las organizaciones de la llamada sociedad civil o los grupos supuestamente independientes”, pero que “cada día que pasa hay más definiciones y es muchísimo mejor saber quiénes son realmente los adversarios que enfrentar a simuladores”. 

Se le preguntó: 

—¿Considera a Cárdenas adversario? 

—En política sí, si él asume una postura de este tipo (…). Lo estimo mucho, lo respeto, lo considero precursor de este movimiento, pero estamos viviendo un momento de definiciones y esta ancheta está muy angosta, no hay para dónde hacerse. Es estar con el pueblo o con la oligarquía, no hay más, no hay justo medio…

Para su bochorno, lo cierto es que Cárdenas, si bien participó en las deliberaciones de quienes proponen un Punto de Partida, se deslindó de la convocatoria.

¿Qué sentido tuvo entonces agraviarlo, humillarlo y orillarlo de facto a disculparse…?