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Cuando vi el cartón de ayer en El Economista, firmado por mi amigo Perujo, titulado ‘Mafamlito’ donde su caricatura representa una figura mitad el Amlito y mitad la niña Mafalda, la hija de Quino, a la que no le gusta la sopa, frente a un plato de Caldo Xóchitl que el personaje se dispone, de no muy buena gana a comer, tuve una asociación de ideas. De mi memoria emergió el dicho: Hacer el caldo gordo que en su diccionario María Moliner define así: Hacerle el caldo gordo a alguien, “favorecerle o ayudarle en sus designios, a veces involuntariamente, con algo que se hace, se dice de él o se guarda silencio sobre sus manejos”.

Mi sabiduría de Google es infinita. Caldo gordo se le llamó en el Siglo XVI al caldo con grasa y sustancia extraído de lo grueso y mantecoso de la carne del animal. El caldo gordo nutría y daba fuerza. Precisamente a eso, a nutrir y a darle fuerza, involuntariamente, a la precandidata Xóchitl Gálvez se ha dedicado el primer mandatario, hasta convertirla, en muy poco tiempo, en una explosiva precandidata a la Presidencia del país que conectó con la sociedad como ninguna de las llamadas corcholatas lo ha hecho.

¿Cómo le preparó el nutritivo caldo el Ejecutivo a la señora Gálvez? Primero al no permitirle la entrada a Palacio Nacional, contraviniendo la orden de un juez, para ejercer el derecho de réplica por algo que la senadora juzgó como una mentira del mandatario; posteriormente al asegurar que la hidalguense era la candidata que Claudio X. González, el “gerente del bloque conservador”, había nombrado como tal. Cosa a la que la ingeniera ripostó: “usted no puede imaginar que una mujer obtenga una candidatura por méritos propios porque usted, señor presidente, es un machista”.

Lo asegurado por Xóchitl, “calentó” —literalmente así lo expresó— al presidente quien un día antes había expresado categóricamente que “ella es la candidata de la Mafia del Poder” —concepto que sacó del baúl de los recuerdos.

Si lo afirmado por López Obrador fuera verdad, si ya estuviera definido por la cúpula de la reaparecida —en el discurso presidencial— Mafia del Poder, ¿a que le tiran Beatriz Paredes y los nueve caballeros —José Ángel Gurría ya se bajó— que aspiran a representar a la alianza Va por México? Es más, el martes se registraron como postulantes, ante los tres partido coaligados, además de la aludida Xóchitl Gálvez, Santiago Creel, y los diputados Jorge Luis Preciado y Gabriel Quadri.

En respuesta a mi cuestionamiento el obradorismo puede responder que se inscriben para seguir el juego y estar cerca de las dirigencias tripartitas cuando llegue el momento de repartir las plurinominales. Los que no creemos a “pies juntillas” —firmemente según el V Tomo del Diccionario de Autoridades de 1737— lo que dice el tabasqueño; aquellos que pensamos que la mayoría de sus dichos tienen una doble intención política, podemos pensar que al “destapar” con tal énfasis a Xóchitl está anulando su posible nombramiento. ¿Cómo nuestro mayor adversario —el presidente— va a decidir quién nos represente en las urnas? —puede objetar la oposición. Esto con la finalidad de proteger a su favorita #Es Claudia ya que de haber dos mujeres en la boleta —dos sopas en el menú una fría y otra caliente— nadie puede augurar el triunfo de la exjefa de Gobierno. ¿Qué tal un debate entre la científica Sheinbaum y la bilingüe —español y cabroñol— Gálvez?

Un amigo observador de la política nacional me hizo ver que si el nombramiento de Xóchitl es real, el beneficiario de la encuesta morenista que intuimos —mi amigo y yo— constará de una sola pregunta y tendrá un solo encuestado puede ser Marcelo Ebrard.

“Al que no le guste el caldo, dos tazas”.

Respetable público, esta columna anuncia a su estimable clientela que se va de vacaciones un par de semanas, reaparecerá en estas páginas el martes 24 del presente.