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Un viejo y conocido refrán dice: “No le busques tres pies al gato sabiendo que tiene cuatro”; con esto se quiere decir que no hay que buscarle explicación a lo que, a simple vista, no la tiene. Que las cosas son como son y no como quisiera uno que fueran.

Al parafrasear el refrán atribuyéndoselo al PRI quiero decir que el PRI, desde siempre, ha tenido cuatro pies. Y que llamar al actual partido “nuevo PRI” es como decir que es un gato con tres pies. (Aunque algún sofista, que en el Revolucionario Institucional abundan, podría decir que el PRI es un gato con tres pies, sus tres sectores en los que se apoya: el obrero, el campesino y el popular. Yo lo rebatiría con el argumento de que no tiene tres sino tiene cuatro pies, porque tiene cuatro sectores. Los tres mencionados y hartamente conocidos y uno más que con el tiempo se le fue adhiriendo, como quien no quiere la cosa, de manera soterrada, a contrapelo con su origen revolucionario del cual sólo quedan vestigios: el sector empresarial. Sector que agrupa a los grandes empresarios, industriales y comerciantes, así como a los terratenientes, gremios que con la derechización del PRI han visto la oportunidad de -para utilizar otro refrán- “mamar y dar tope”; es decir, no sólo gozar de los beneficios naturales de sus respectivos negocios sino además tener influencias políticas y saborear las mieles del poder. Un solo ejemplo de un miembro del PRI que corresponde a esa cuarta pata: Eduardo Bours Castelo, quien fuera gobernador de Sonora cuando el terrible incendio de la Guardería ABC, que ni el sueño le quitó –“yo duermo como bebé”- y dueño de Industrias Bachoco, compañía que se dedica a inflar –que no a engordar- insípidos pollos y a producir huevos a costa del sueño de las gallinas).


LA MISMA GATA

Para acabar pronto –y utilizar otro refrán- el nuevo PRI es “la misma gata pero revolcada”. A esta conclusión llegamos durante una charla de sobremesa mi amigo Andrés y yo. Él comentó mi artículo publicado el pasado martes, titulado “La cabeza de Romero Deschamps”, donde mi ingenuidad se atrevía a pedir, para que la reforma energética se volvieran creíble, desaforar al senador y líder petrolero, como lo pide Elisa Alanís, sólo para que enfrente a la justicia y que un juez decida si es culpable o no. Lo escrito por mí provocó el enojo de mi amigo; no por diferencia de ideas sino porque le causa coraje mi candidez de “pedirle –otro refrán- peras al olmo”. Mira –me dijo Andrés-, por supuesto que los jerarcas del PRI, del presidente de la República para abajo, saben que Romero Deschamps es irrepresentable y un verdadero desprestigio para el partido. Pero lo tienen que aguantar porque el sindicato que maneja a su arbitrio debe haber puesto mucha lana para la campaña presidencial.

¿Tú sabes –me pregunta Andrés con su habitual tono exaltado- cuántas veces ha sido legislador Romero Deschamps? No me da chance ni de pensar y contesta: Tres veces diputado y dos senador y en todo ese tiempo jamás, óyelo bien, jamás ha presentado una iniciativa de ley. El tipo es gris… Gris rata –agrego yo. Andrés prosigue: Mira, estoy seguro que en el PRI existen políticos que quieren que nuestro país progrese… Lo que no están dispuestos a hacer es mover nada que vaya contra sus intereses. Y ahí está lo malo porque el PRI no representa, por desgracia, los intereses superiores de la nación, sino las incumbencias pecunarias de los miembros de lo que llamaste el cuarto pie. Una prueba de lo que digo la tienes en la reforma laboral: no se tocó el concepto que obligaba a los sindicatos a la transparencia y rendición de cuentas a sus líderes. Si de verás se quisiera hacer una reforma laboral a fondo por ahí deberían de haber empezado, ¿no crees?

Ojalá y me equivoque –expresa Andrés con su acostumbrada intensidad-, pero me temo que de la reforma energética revuelta con la corrupción institucional no va a salir nada bueno. Y no es que yo crea que Peña Nieto quiera que al país le vaya mal. Al contrario, él quiere que a México le vaya bien, pero sin afectar los intereses que tuvo que ir aceptando para llegar a la presidencia.

Comió con nosotros Gustavo, un cuate que nos conoce de hace más de 30 años. ¡Me lleva la chingada! Ustedes sólo hablan de política. Para mí la política es una mierda, no en balde a las suegras les dicen mamás políticas. Vamos a hablar de otra cosa. Andrés volvió al uso de la palabra: Mira Gustavito, Bertolt Brecht dijo: “El peor analfabeta es el analfabeta político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.