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La historia es lo que sucedió y lo que recordamos de ella.

La historia patria es el cuento de hadas que se cuentan los pueblos para sentirse únicos, superiores o inferiores a otros, especialmente aquellos contra los que guerrearon a muerte o convivieron forzados por la geografía.

Pocas materias tan tóxicas hay en el corazón de los pueblos como el sentimiento nacionalista mitologizado, ése que rige las historias patrias, versiones edulcoradas o fantasiosas del pasado, aprendidas en las aulas escolares, en los calendarios cívicos, en los desfiles conmemorativos, en los discursos inflamados y el coro de los himnos nacionales que se cantan con la mano en el pecho.

En todas partes se cuecen habas en esta materia, pero en México casi solo se cuecen habas (importo este juego de palabras del dicho de un escritor peruano: “En todas partes se cuecen habas, pero en el Perú sólo habas”).

Recuerdo la broma de Cosío Villegas sobre la opacidad de la vida pública mexicana. Alguien le dijo que en ninguna parte se gobernaba sin secretos.

Él contestó: “Se entiende que no todos anden en bikinis en la playa, pero los mexicanos andan con abrigos”.

La historia patria mexicana es una de las más falsas del mundo. Su colección de héroes y villanos es una vergüenza de tergiversación histórica.

He recordado aquí algunas de las transfiguraciones increíbles que sufrió en nuestra memoria la imagen del Padre de la Patria.

Algo parecido a lo sucedido con las transfiguraciones de Hidalgo ha pasado con las sucesivas invenciones de los grandes cambios de nuestra historia, la Independencia, la Reforma, la Revolución.

Las etiquetas de tan grandes cambios son parte del orgullo y de la ignorancia nacional.

Las etiquetas tienen la piel dura, son impermeables a los hechos, pero tienen el alma gaseosa, llena de fantasmagorías.

Alguna vez nuestra historia patria se acercará a la realidad y tendrá menos fuerza entre quienes la repiten en las aulas y las gritan desde los balcones de palacio.

“Ánimo”, dice un querido amigo al terminar sus noticieros de cada noche.

Su dicho amable es en realidad un grito de valor, independencia y realidad.