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A la hora de la hora, en los momentos cruciales de la vida pública, los vacíos de información del gobierno se hermanan con la falta de información oportuna en los medios.

El aumento de las gasolinas estaba previsto para los primeros días de enero desde que fue aprobado por el Congreso en octubre del año anterior, con la Ley de Ingresos.

Se sabía desde entonces que se esperaba un ingreso por impuestos especiales a gasolinas de 284 mil millones de pesos. Se sabía también que el gobierno había decidido adelantar un año, a 2017, el tiempo de la liberación del precio de esos productos, previsto en la reforma energética para el 2018.

Los medios no vimos en esto un asunto noticioso, el anticipo de un posible gasolinazo incendiario, agravado por el hecho de que el gobierno había suspendido durante 2016 los incrementos mensuales previstos también en la reforma.

Quizá si el gobierno hubiera mantenido el plan original de incrementos mensuales durante 2016 y 2017, el aterrizaje de los precios en 2018 habría sido menos traumático.

Pero los medios no cargamos nuestras baterías con esa información y esas posibilidades. No cuestionamos a la autoridad ni a los legisladores que aprobaron la decisión. Sobre todo, no advertimos a los ciudadanos del ciclón que podía cernirse sobre ellos.

A la hora de la hora fuimos tan sorprendidos por los hechos como los ciudadanos mismos, salvo que nuestra obligación era haber informado de lo que iba a suceder: para que nadie se llamara a engaño y para que el gobierno y el Congreso no pudieran tomar una decisión tan delicada sin un previo debate y una debida explicación.

A la hora de la hora, el vacío de información en los medios fue llenado por la furia en las redes sociales. No porque las redes sean más poderosas o influyentes que los medios, sino porque los medios no hicimos la tarea de informar, no nos separamos del silencio del gobierno ni nos ganamos la credibilidad de la ciudadanía advirtiéndole lo que iba a pasar, dándole la información que necesitaba.

Nos hemos ganado entonces su incredulidad. El gasolinazo era tan previsible como un ciclón, los medios lo volvimos tan invisible como una conspiración de especialistas.

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