EE. UU. e Israel lanzan ofensiva masiva contra Irán: bombardean la cúpula del régimen y cortan el diálogo en plena escalada regional
Este pasado jueves se celebraron en Ginebra negociaciones entre Estados Unidos e Irán, mediadas por Omán, con el compromiso de continuar conversaciones técnicas en Viena durante la semana del 2 de marzo.
Menos de 48 horas después de que finalizaran estas negociaciones con un ambiente de moderado optimismo, tanto de parte del mediador Omán como de la delegación de Irán, Israel y Estados Unidos volvieron a atacar —como ya lo habían hecho en junio de 2025—, poniendo fin de manera abrupta y sorpresiva al canal diplomático que estaba en marcha para buscar una solución negociada.
Pero, a diferencia de aquella ocasión, cuando el presidente Trump aseguró que el programa nuclear iraní había sido «obliterado», la actual ofensiva tendría un alcance mucho mayor («masiva», en palabras de Trump): no solo buscaría neutralizar la capacidad nuclear y los misiles balísticos de Irán, sino también eliminar a las máximas autoridades del régimen y abrir paso a un eventual cambio de régimen.
El contexto político no es menor. En octubre habrá elecciones en Israel, decisivas para la continuidad de Benjamín Netanyahu en el poder; y en noviembre, elecciones legislativas en Estados Unidos, clave para la gobernabilidad de Trump durante los últimos dos años de su mandato. La dimensión interna se entrelaza así con la escalada geopolítica.
A qué poner lupa:
-Alcance real del primer ataque: evaluar los daños infligidos y, especialmente, si la operación logró o no «decapitar» a la cúpula del régimen iraní.
-Respuesta de Teherán: más allá de los primeros ataques con misiles y drones, habrá que observar si escala hacia una confrontación regional más amplia o activa a sus aliados.
-Reacción en Washington: resulta clave monitorear la posición del Congreso estadounidense frente a una operación de esta magnitud.
-Reacciones internacionales: atención a la postura de los países de Oriente Próximo, así como de Rusia, China y Europa, cuyos posicionamientos podrían redefinir alianzas y equilibrios.
-Consejo de Seguridad de la ONU: es altamente probable una reunión urgente para abordar un conflicto que amenaza con desestabilizar aún más la región.
-Impacto económico: seguimiento inmediato al precio del petróleo y, en particular, a la evolución de la situación en el estrecho de Ormuz, punto neurálgico del comercio energético global.
