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En los últimos años, y en charlas de sobremesa que suelo tener con hombres y mujeres que como yo, tienen la dicha de hijos y adolescentes dignos aún de preocupación, que lo serán siempre cualquIera que sea su edad. Invariablemente apaRece sobre la mesa la inquietud rozando a la angustia de que su futuro esté implacablemente arruinado en proporción directa del tiempo que su atención dedica a embeber el cerebro de todos los contenidos posibles que los artefactos de la tecnología de hoy les proporcionan.

Llámense teléfonos inteligentes, tabletas, o sus subalternas plataformas, tiktoques, juatzapes, equices, instagrames, videojuegos o cualquier otro nombre por advenir, el tiempo que dedican nuestros jóvenes hoy a esos artilugios es cada vez mayor; simultáneamente, es ifinitesimalmente reducido el tiempo que los chavorrucos dedicábamos entonces a nimiedades como la lectura, el más elemental ejercicio del cuerpo, o la práctica sentimental más incipiente como son la camaradería, el espíritu solidario y, desde luego a las esenciales prácticas del amor, como es la amistad. Y no quiero meterme a la herida ponzoñosa que causa en muchos padres el que la respuesta a cualquier pregunta a nuestros adolescentes, cuando están frente al objeto de su seducción, sea respondida con un brutalmente explícito, en su tono,monosílabo.

En eso estaba yo el otro día, cuando me encontré un reporte publicado en el Washington Post sobre la evidente influencia que la llamada inteligencia artificial tiene sobre la conducta de nuestros muchachos y muchachas.

Cuando tuvimos que aceptar que nosotros mismos habíamos abandonado la visita a la biblioteca en busca de un concepto y su comprensión, y más aún, al simple significado de una palabra en un lexicón, cuando todo eso lo entregaba con su inmediatez, no exenta de errores, Wikipedia o cualquier otro banco de información transformada en bytes moviéndose a encabronada velocidad sobre la pantalla de un computador, lo tomamos como una herramienta eficaz e indispensable para el trabajo de la palabra y el pensamiento. Hoy, ante la pavorosa realidad que la Inteligencia Artificial nos está descubriendo día con día, nos tiene acojonados.

Al menos a mí.

Resulta que la Inteligencia Artificial no solamente puede redactar un texto sobre cualquier tema,si le proporciono la suficiente información sobre su orígen, entorno y desarrollo. En ciertas circunstancias, es capaz de crear una realidad ficticia totalmente verosímil y seductora.Pero que queremos creer.

Veamos: en los últimos años y no solamente en los países de alto desarrollo económico y tecnológico, muchos jóvenes y no pocos adultos habitantes de un universo ejanenado y con disminuída capacidad para establecer relaciones humanas cuerpo a cuerpo, las han sustituído con diálogos virtuales con personajes que la inteligencia artificial ha diseñado con los datos que nosotros le dimos. Convertidos en un doctor Frankenstein renunciamos a nuestra humanidad para dársela a una máquina que nos invente un amigo imaginario, alguien con quien hablar y que me entienda. Alguien a quien amar y que me ame.

Hay decenas de miles de parejas por el mundo que dialogan con asombrosa frecuencia con esos entes imaginarios que contestan lo que el correponsal quiere oír.

O no quiere.

Ya se registró el primer suicidio de un jovencito luego de una discusión sentimental con el monstruo que él había ayudado a crear.

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (mientras se aclara si son peras o son frutos de los mismos olmos de antes): He escuchado por ahí en estos días un sincero reconocimiento a la actitud de la señora Presidente de México frente a las balandronadas de Donald Trump o los propagandistas de su entorno. A la menor sugerencia de que ahí viene el lobo, surge un declaración firme, sustentable, pero innecesariamente agresiva; una posición que los mexinacos consideran valiente, firme, soberana, incluso viril.Una postura que es precisamente la que busca Trump para luego “doblarnos” (esa es expresión suya de él) en cualquier mesa de cualquier negociación. Tiempos vienen de luchas fieras e inteligentes, No gaste su fuego verbal, señora Presidente, en infiernitos ni pirotecnias fugaces.

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