Minuto a Minuto

Deportes La FIFA se une a campaña de sustentabilidad en México para el Mundial 2026
La Profepa lanzó 'Gol por el ambiente', que busca promover acciones y proyectos en favor del medio ambiente en el Mundial 2026
Internacional Jurado en demanda histórica contra Instagram y YouTube sigue sin veredicto tras cinco días
Una mujer acuso a Instagram y YouTube por causarle adicción, depresión y pensamiento suicidas por utilizar la plataforma a temprana edad
Internacional Benjamín Netanyahu: “¿Alguien se cree que puedo decirle a Trump qué hacer?”
Benjamín Netanyahu adviritó que "EE.UU. no lucha por Israel, lucha junto a Israel" y añadió que ambos países tienen "el mismo objetivo"
Nacional México y Alemania destacan coincidencias sobre un orden internacional basado en la paz
Ambos mandatarios destacaron la buena relación entre México y Alemania en un contexto global complejo
Deportes Fidalgo, Vargas y Ochoa destacan en lista de México para juegos ante Portugal y Bélgica
Fidalgo, Vargas y Ochoa son los mexicanos que estarán al frente de los primeros encuentros de la selección en el mundial

En 1915, al entrar a ciudad Camargo, recobrada de manos carrancistas, Villa encaró los insultos de una mujer cuyo marido, pagador de la guarnición carrancista de la plaza, había sido fusilado.

La mujer, escribe Friedrich Katz en su libro Pancho Villa (Era, 1998), lo llamó asesino y preguntó por qué no la mataba a ella también. En uno de sus raptos de ira incontrolables, Villa sacó ahí mismo la pistola y la mató. Pero eso no fue suficiente para aplacar su furia.

Algunos villistas de la plaza, temerosos de que las soldaderas presas pudieran denunciarlos cuando las tropas de Carranza volvieran a Camargo, pidieron a Villa que las matara a todas. Villa ordenó la ejecución de las 90 prisioneras.

Hasta su leal secretario resintió la escena terrible que vino a continuación. Con una profunda revulsión moral vio los cuerpos de las 90 mujeres, apilados uno sobre otro, privadas de la vida por balas villistas.

Terminó de sacudirlo la visión absurda de un niño de dos años riendo y jugando alegremente, sentado sobre el cuerpo de su madre muerta, con las manos llenas de su sangre.

La violencia tiene su propio nido de prestigio en la historia. Sólo nuestra fascinación instintiva por la sangre vertida, puede explicar que la mayoría de los héroes consagrados por la historia universal sean guerreros.

Mucho de lo que se enseña a los niños en las escuelas como actos memorables de la especie humana, nos recuerda Freud, no es sino una colección de matanzas: batallas, guerras, conquistas.

Algo de eso hay en la posteridad popular y oficial de Villa: la conversión de su violencia en una especie de fiesta del humor salvaje, de la venganza plebeya, de la ira popular, que se explican y se legitiman por sí mismas.

Ninguna de las dos cosas. La leyenda del guerrillero que encarna la rabia del pueblo no alcanza para disculpar al matón puro y duro, extraño héroe popular de nuestra historia al que nadie quisiera encontrarse en la calle.

Escribí lo anterior, palabras más o menos, hace unos años, luego de leer a Katz. El libro de Reidezel Mendoza lleva el escándalo moral que es Francisco Villa todavía más lejos. Quizás a su verdadero lugar.
https://www.milenio.com/opinion/hector-aguilar-camin/dia-con-dia/la-matanza-de-las-soldaderas