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Leí ayer, en varias partes, que la movilización ciudadana del domingo 26 de febrero le quedó grande a los partidos políticos de oposición.

A los manifestantes del domingo les faltó Zócalo, se dijo: marcharon muchos más que los que cabían ahí.

Les faltan ahora candidatos donde poner sus votos, porque los partidos de la oposición no han podido crearlos.

Esta observación describe una realidad, pero me parece que se refiere sobre todo a la candidatura presidencial.

Cierto, no se ve en el horizonte una candidatura presidencial ganadora de la oposición.

La elección presidencial es la más importante del año entrante, esto es claro, pero estarán en juego otros espacios fundamentales.

En particular, el Congreso: diputados y senadores.

Si la oposición gana la mayoría del Congreso pondrá fin a las maneras dictatoriales del actual gobierno.

Igual si gana la Presidencia que si la pierde, no se podrá gobernar sin ella, como en estos años.

La oposición unida mostró en 2021 que sabe negociar candidaturas comunes y ganar espacios inesperados.

Así ganó 9 de 16 delegaciones en la Ciudad de México, y le quitó la mayoría de dos tercios al oficialismo en la Cámara de Diputados.

Otra cosa es pactar la candidatura presidencial de unidad y hacerla atractiva para la potente pero variopinta ciudadanía democrática.

La oposición nunca lo ha hecho hasta ahora. Imposible saber en qué terminará su noviciado.

Puede anticiparse esto: si hay una candidatura presidencial de toda la oposición unida, tendrá una potencia que no tiene hoy, por sí misma, ninguna de las personalidades que aspiran.

La unidad de la candidatura presidencial de la oposición, creo, dependerá de qué tan buena sea la negociación del resto de las elecciones en juego, en particular la del Congreso.

La oposición puede volver a hacer esto último en 2024, por la sencilla razón de que lo hizo ya en 2021.

El reto de la oposición es negociar bien su unidad en las elecciones del 24, culminando con la candidatura presidencial.

El reto de la sociedad democrática es no soñar de más con un candidato ideal de oposición y votar con decisión y realismo, sabiendo que cada voto cuenta y que abstenerse es votar por quien está.