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Vemos desplegarse la imposición sucesoria en distintos órdenes, ahora con el Tribunal Electoral que le da mano libre a la presidenta del INE para nombrar a quien quiera en los puestos de esa institución.

Pero quizá la imposición menos obvia y más cierta es la que el Presidente ejerce sobre su candidata presidencial, la cual se fuerza a imitarlo en los dichos y hasta en los tonos de voz.

Peor: se obliga a adoptar como propuesta de futuro la continuidad, se compromete a hacerle un segundo piso a lo hecho y deshecho por la presidencia previa.

Es visible la camisa de fuerza, disfrazada de convicción.

Los estrategas de campaña subrayan en Sheinbaum virtudes distintas a las de su impositor: educación superior, doctorado, formación científica, respeto a los hechos.

La candidata va discretamente a cenáculos de empresarios y de medios prometiendo mesura, equilibrio, continuidad con cambio, acentuando lo del cambio.

Pero la promesa pública, la pieza fuerte de campaña, es que hará más de lo mismo, que la transformación de su impositor seguirá adelante y que Sheinbaum, si gana, le pondrá un segundo piso a lo que hereda.

Aquí empiezan las preguntas.

Pensemos en las cosas que no están mal de la llamada 4T: los programas sociales.

¿Sheinbaum le pondrá un segundo piso a los programas sociales? ¿El doble de dinero en efectivo para adultos mayores, para becas estudiantiles, para Jóvenes Construyendo el Futuro? Puede ser. ¿De dónde vendrá el dinero?

El resto del piso a duplicar desata preguntas más serias.

¿Un segundo piso de “abrazos no balazos”, con 170 mil asesinatos y 44 mil desaparecidos en el sexenio?

¿Un segundo piso de echarle dinero al hoyo negro de Pemex, a las pérdidas de la Comisión Federal de Electricidad?

¿Un segundo piso al AIFA, a la refinería Dos Bocas, al Tren Maya? ¿Un segundo piso a la supresión del Seguro Popular?

Una candidata presidencial libre de imposiciones le plantearía cualquier cosa al electorado menos un segundo piso de estos desastres gubernamentales que hereda.

Pero Claudia Sheinbaum es cualquier cosa menos una política con libertad para proponer nada distinto de lo que le impone López Obrador.

Es la prisionera de Palacio.