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La llamada política de “austeridad republicana” no trajo ahorros de ningún tipo al gasto del gobierno federal.

Con leves variaciones, López Obrador ha gastado lo mismo que gastaba Peña Nieto. El presupuesto real ejercido el año pasado, 2022, fue de 6.9 billones de pesos, 13% más que el de 2018, último año de Peña Nieto, en el que se gastaron 6.1 billones.

Menos diferencia aún hay en el dinero gastado en la burocracia como tal. Los escalafones del personal de confianza se llenaron de despidos, topes salariales y reducción de prestaciones, pero al final el gobierno gastó en sus burócratas sólo .4% menos que Peña Nieto.

“La desaparición de instituciones y plazas”, escribe Guillermo Cejudo, “ la congelación de vacantes y la suspensión de contrataciones tendría que verse reflejada en una disminución del número de burócratas”.

Pero los datos dicen lo contrario: en 2018, el gobierno federal tenía 1 millón 409 mil 101 plazas. Para 2021 habían aumentado a 1 millón 429 mil 183 (“El mito de la austeridad”. Nexos, Octubre 2023)

Lo que hubo en estos años no fue austeridad, ni la posibilidad de hacer más con menos. Lo que hubo fue destrucción de parte del cuerpo administrativo total del Estado y una reasignación del presupuesto hacia los temas prioritarios del Presidente.

Esos temas fueron las obras de infraestructura, los programas sociales que administra la Secretaría del Bienestar, los recursos puestos en el hoyo negro de Pemex, las pérdidas de la CFE y los presupuestos entregados al Ejército.

De todos, sólo los programas sociales tienen un rendimiento social. Pero es un rendimiento pernicioso desde el punto de vista del juego democrático. Esos programas se han convertido en la estrategia de inducción y compra de voto más grande de la historia de México.

Sobre la eficacia de las obras entregadas al Ejército, empezamos a tener indicios. El AIFA necesitará en 2023 un subsidio de mil 700 millones de pesos. Y su operación costará 2 mil 700 millones en 2024.

En 2024 terminará también la austeridad pregonada, con un salto en el gasto que dejará el presupuesto en 9.8 billones de pesos, con un déficit fiscal de 5.4%, camino a la fiesta electoral. La austeridad que nunca existió terminará en dispendio.